martes, 21 de junio de 2016

Azkena Rock Festival 2016


El año pasado fui muy crítico con el cartel y la organización del Azkena. En mi opinión, hubo muchos aspectos (ausencia de un cabeza de cartel para el sábado, política de comunicación errónea o inexistente, sonido e infraestructura deficientes,…) que no estuvieron a la altura, ni de la historia y la categoría del festival, ni de las expectativas creadas en los fieles seguidores del mismo.

Pero igual que digo esto, es de justicia también decir que, a mi modo de ver, la edición de 2016 ha sido sobresaliente en todos los aspectos. Y esto es algo por lo que hay que felicitar y dar las gracias a la organización.

Llevo ya un buen puñado de “Azkenas” a mis espaldas y, en ninguno hasta éste, había visto un recinto tan cuidado y preparado con tanto esmero: decoración atractiva y realizada con gusto, amplias posibilidades de comida y bebida, baños suficientes y que en todo momento evitaron las largas colas, diversas actividades paralelas (motorshow, wedding chappel, póker,…), carpas instaladas para guarecerse de la más que presumible lluvia, escenarios amplios y dotados de equipos de sonorización que esta vez no merecen reproche alguno,… 


Y, por supuesto, lo que sin duda es lo más importante de todo: un cartel potente, confeccionado con gusto y rematado con ese regalo que ha sido darnos la posibilidad de ver a una de las bandas más grandes de la historia.

Me quedo como ejemplo de buen hacer, la forma en que se solventó el problema generado por la caída, a diez días vista, de Primal Scream, cabezas de cartel del viernes. La organización, perfectamente podría haberse escudado en la falta de tiempo para amortizar el puesto, o sustituirles por alguien de menor nivel. Pero, no sólo no hizo eso, sino que decidió dar un golpe de efecto contratando como sustitutos a los Hellacopters, banda si cabe aún más atractiva y difícil de ver. Lo dicho: ¡chapeau por cómo se han hecho este año las cosas!

Dicho esto, baste ya de temas organizativos y vayamos al grano. ¿Qué resumen puedo hacer de lo visto y oído en estos dos días de festival?

VIERNES

Lucinda Williams: primera toma de contacto con el festival y pequeña decepción. Lucinda lo intentó, pero el concierto estuvo marcado y deslucido por la persistente lluvia. Espero quitarme la espina viéndola en sala cuando vuelva por nuestro país.


Blackberry Smoke: me gustaron mucho su propuesta y su estilo. Por momentos, sonaron como unos hermanos pequeños de mis adorados cuervos. Aunque a veces se mostraron también algo planos y dieron la sensación de ir con el piloto automático puesto y guardando energía para el día siguiente (actuaban en el Stone Free Festival de Londres, junto a Alice Cooper entre otros). No obstante, me encantaría volver a verlos con su show completo.


The Hellacopters: el gran concierto del viernes. Una banda que transmitió magnetismo y toneladas de actitud encima del escenario. La presencia de Dregen a la guitarra aporta mucho poderío escénico. Sonaron compactos y se hicieron acompañar de un juego visual de luces que realzaba aún más el show. Si he de poner un pero, lo tengo claro: hubiera preferido un setlist más variado y no centrado casi únicamente en su primer disco. Aun así, concierto muy pero que muy disfrutable. Espero que decidan seguir adelante con el proyecto y podamos repetir con ellos en un futuro cercano.


Danzig: un esperpento. Soy fan suyo desde hace muchos años y me gustaría poder valorarlo de otra forma, pero no sería fiel a la realidad vivida. Si me he de quedar con alguna parte positiva del show, sería con su actitud (ese no fue el problema) y con el hecho de haber tenido delante a un tipo que para mí es mítico, interpretando algunas canciones que también lo son. Pero, el resto, fue casi todo catastrófico: un sonido malo de solemnidad. Una banda muy justita, con un guitarrista que abusó continuamente de los armónicos. Y un Glenn que, a pesar de que lo intentó, nunca pudo demostrar ser ni la sombra de lo que fue. Desafinando casi con cada frase y teniéndonos todo el concierto entre la risa y el llanto. Una pena.



SÁBADO

Luke Winslow-King: concierto en la Plaza de la Virgen Blanca. Y, como suele ser habitual en todos los que allí se celebran cada año, altamente disfrutable. Blues pantanoso, ritmos criollos y unas pizcas de country interpretados por una muy buena banda. Tomo nota para cuando volvamos a tenerlos a tiro.


Radio Birdman: no soy un gran fan suyo, pero por momentos me gustaron bastante. Sonaron rabiosos y dieron la sensación de estar poniendo toda la carne en el asador. Una buena primera piedra de toque para ir calentando la jornada vespertina del sábado.


Imelda May: magnífica. Otro de los grandes conciertos de esta edición. Tiene canciones. Tiene una enorme banda. Tiene un vozarrón que tira para atrás. Y tiene un atractivo físico tremendo (si cabe, más ahora con su nuevo y recién estrenado look). En definitiva, lo tiene todo para seguir creciendo a pasos agigantados. Un lujo.


The Who: simplemente maravillosos. Un concierto para el recuerdo. De esos que no se olvidan, pasen los años que pasen. Emocionante, intenso y divertido, a partes iguales. Con un sonido casi perfecto, un setlist lleno de hits, una banda tremenda, un Pete inmenso a la guitarra y un Roger maestro a la voz. Simpáticos y caballerosos. Dos auténticos gentleman. Creo que a todos se nos pasó la hora y media volando. Y creo que no hubo nadie que no saliera de allí con una sonrisa de oreja a oreja. Sólo me cabe decir una cosa más: gracias Azkena por haberlo hecho posible.


Marky Ramone's Blitzkrieg 40 Years of Punk: perfectos para descargar adrenalina después de la tensión emocional del concierto anterior. Hora y cuarto ramoniana, sin descansos ni sorpresas. One, two, three, four! Mención especial al cantante que se ha sacado Marky de la manga en esta ocasión: una bestia parda de escenario que hace recordar tremendamente al añorado Joey. Perfecto broche al fin de semana.


Y sí, lo sé, amigos. En el cartel había muchas bandas más…Y hubiera visto gustoso a algunas de las que me perdí, como The London Souls, Vintage Trouble, 091, Fields of Nephilim o Supersuckers. Pero cuando uno acude a un festival, ya lo hace sabiendo que es imposible abarcarlo todo. Yo, con lo que elegí, tuve más que de sobra para irme satisfecho y pensando en la edición del año que viene...

Enhorabuena a la organización. The kids are alright! ¡Nos vemos en el Azkena 2017!


miércoles, 11 de mayo de 2016

AC/DC - Passeio Maritimo de Algés (Lisboa), 07/05/2016


Ver a AC/DC con Axl Rose como cantante no deja de ser algo extraño, e incluso hasta un poco esperpéntico. De eso creo que no cabe duda. Tan extraño y esperpéntico como lo fuera ver a Queen con Paul Rodgers, a The Doors con Ian Astbury, a los Faces con Mick Hucknall o a Thin Lizzy con Ricky Warwick, por poner algunos otros ejemplos sobre los que se adoptó similar fórmula.

Por supuesto que, de haber podido elegir, la mayoría de los fans hubiéramos preferido que las cosas siguieran como antes. Y que AC/DC estuvieran girando ahora mismo, no sólo con Brian a la voz, sino también con Malcom a la guitarra y Phil Rudd a la batería. Pero las situaciones vienen como vienen y, en este caso, creo que de poco sirve lamentarse y cabrearse. ¿Acaso no es mejor intentar ver la parte positiva del asunto? Porque, por si alguien lo dudaba, os diré que la hubo. Y, además, mucha.



Habrá quien piense que, sin Brian, Malcom y Phil, lo más sensato hubiera sido colgar las botas y poner punto final a la historia. Y habrá quien crea que el único motivo para seguir adelante con esta gira es el verde color del dinero. Yo, personalmente, me abono a ambas teorías. Pero, a la vez, me parecen compatibles con el hecho de intentar disfrutar de un evento único, distinto e histórico. Dos pesos pesados del rock uniendo fuerzas en un mismo escenario.

Axl y Angus son tipos lo suficientemente curtidos ya en este negocio como para saber que en esa noche lisboeta se jugaban algo más que su reputación. De salir airosos del envite, no tendrían problemas para encaminar de forma triunfal el resto de la gira. De ir mal, en cambio, ambos estarían cavando su propia tumba musical. Eso es algo que tenía meridianamente claro desde el momento en que se anunció que el excéntrico pelirrojo sería quien llevase las riendas vocales de la banda. Así que, no sólo ni me planteé deshacerme de mi entrada, sino que, días previos, estaba plenamente convencido de que íbamos a vivir algo grande.

Y sí amigos, le pese a quien le pese, he de decir que el concierto fue magnífico.



De Angus, creo que no cabe dudar. Él siempre tira de la banda en directo y, si acaso, esta noche lo hizo aún más, intentando tapar cada hueco escénico creado tanto por la ausencia de Brian, como por la obligación de que Axl permaneciera todo el show sentado por culpa de su aun maltrecha pierna izquierda.

Pero la atención de la audiencia, no estaba esta vez tan puesta como de costumbre en el pequeño guitarrista y sí en el cantante invitado. Ahí es donde realmente residían nuestras dudas. Y dos canciones fueron más que suficientes para despejarlas. Su exhibición vocal y las ganas que le vimos poner hicieron que, tras finalizar la interpretación de las iniciales “Rock or Bust” y “Shoot To Thrill”, los presentes ya tuviéramos claro que aquello pintaba realmente bien.



“Hell Ain't a Bad Place to Be”, “Back in black”, “Dirty Deeds”. Uno tras otro, los temas clásicos fueron cayendo y nuestra buena percepción continuaba. Para entonces, la interminable lluvia que nos había acompañado todo el día, había cesado ya. El sonido acompañaba, la banda parecía sentirse cómoda y Axl estaba cantando mejor de lo que cualquiera pudiéramos haber imaginado. ¿Había algo más que pudiéramos pedir a la noche? Quizás sí: que nos dieran algún regalo inesperado…

Hace ya muchos años que los conciertos de AC/DC vienen siendo, para bien o para mal, sota, caballo y rey. Uno ya sabe, de entrada, el repertorio que van a tocar y los trucos que van a realizar en cada momento. Sin cambios ni lugar alguno a la sorpresa. Y precisamente aquí, en la sorpresa y las novedades en el repertorio, es donde vino ese deseado regalo que mejoró aún más la velada: “Rock 'n' Roll Damnation”, “Given the Dog a Bone”, “Riff Raff”…

Sí amigos, habéis leído bien: “Rock 'n' Roll Damnation” y “Riff Raff”. La primera, llevaba sin interpretarse en concierto desde 2003. La segunda, desde 1979, que se dice bien y pronto. Y ambas sonaron a gloria bendita.



Quizás fuera porque el tono de voz de Axl se mostró más parecido al del añorado Bon Scott que al del defenestrado Brian Johnson. O quizás porque simplemente la banda quiso dar ese caramelo a sus “old school” fans para compensarles por los disgustos y la incertidumbre vivida. Pero el hecho es que, nunca en los últimos tiempos, AC/DC habían decidido tocar en directo tan pocos temas recientes (sólo 4 del total de 22 interpretados correspondían a discos posteriores a 1981) y tantos de la primera etapa, como esta noche en Lisboa. ¡Hasta un total de 11 de los que sonaron pertenecían a la era Bon Scott! De largo, el mejor setlist que les he visto hacer en las cinco veces que he podido tenerlos frente a frente.



Para cuando los cañones salieron a escena y, con ellos, supimos que el show estaba a punto de terminar, creo que teníamos ya claro que el histórico concierto quedaba sellado con alta nota. El derroche vocal de Axl había sido absoluto, dando incluso la sensación de tener fuelle de sobra para mucho más. Y, su actitud, intachable toda la noche, algo sorprendentemente raro en él. Con cara de estar pasándolo bien, respeto absoluto hacia la banda, simpatía para con la audiencia y entregado a la ocasión. Ni un pero que ponerle.



Imagino que, cuando este breve tramo de conciertos finalice, AC/DC habrán salvado dignamente la difícil papeleta que se encontraron con la salida de Brian Johnson. Axl habrá aumentado, aún más, su cuota de popularidad, antes de retomar con Guns N’ Roses la que será la gira estrella del próximo año. Ambos habrán ganado mucha pasta. Y los fans habrán podido ser testigos de un acontecimiento que figurará en todos los anecdotarios musicales a partir de ahora. A eso le llamo yo una situación win-win en toda regla. 

Así que, por lo que a mi respecta: For those about to rock… We salute you!

viernes, 22 de abril de 2016

Nothing compares 2 U


Lemmy, Bowie y, ahora, Prince.

Los tres se nos han quedado por el camino en los últimos meses, de forma repentina e inesperada. Son días tristes para todos los que amamos la música y lloramos sus pérdidas de forma sincera. Nuestros ídolos van cayendo y, con ellos, se termina una era. Me preocupa tremendamente pensar cuántas otras noticias como éstas vamos a tener que hacer frente, de forma inevitable, en los próximos años. Siempre nos quedará como consuelo, eso sí, la pervivencia de su legado.

Nunca tuve a Prince entre mi grupo de artistas más predilectos, pero siempre mi respeto hacia él fue máximo. Cuando alguien me pedía opinión, yo siempre respondía lo mismo: Prince es, ni más ni menos, que uno de los mayores genios de la historia de la música moderna. Alguien adelantado siempre a su tiempo, capaz de componer de forma excelsa, cantar como pocos y tocar la guitarra (y el piano) con un virtuosismo difícil de igualar. Un extraterrestre, como lo fuera también Jimi Hendrix.

Pero para mí, Prince, además de todo ello, siempre será aquel tipo que cometió una de las mayores brutalidades artísticas del siglo: llenar, en el verano de 2007, las 20.000 butacas del O2 Arena londinense, durante 21 noches de forma consecutiva, interpretando un repertorio completamente distinto cada noche. Y, por si eso fuera poco, 12 de las 21 noches tuvieron además premio extra para cerca de 3.000 afortunados, con una segunda actuación sorpresa en la sala Indigo ubicada en el mismo recinto del O2. En total, cerca de medio millón de personas asistieron a esos 33 shows y le vieron interpretar 819 canciones (616 en el O2 Arena y 203 en el Indigo)… números que asustan y solamente quedan a la altura de eso, de un genio.

Yo, tristemente, nunca tuve la oportunidad de verle en directo y bien que me pesa. En los últimos años pasó a ser para mí una pieza de “caza mayor”. Alguien que estaba en los primeros puestos de mi lista de artistas a los que quería tener frente a frente sobre un escenario. Pero el genio de Minneapolis se nos ha ido antes de tiempo y, con él, la esperanza de poder cumplir mi deseo. Descanse en paz.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Lo mejor de 2015 (II)


Si he de calificar de forma breve mi año conciertístico, valdrían para ello palabras como excitante, memorable o irrepetible. Sin duda, y como dije en el post anterior, uno de los mejores que recuerdo desde que me diera por meterme hace ya más de 25 en este mundillo llamado Rock&Roll.
A diferencia de 2012, 2013 y 2014, donde pude verles hasta en 4 ocasiones, sabía que este año mi agenda de conciertos no podía pivotar sobre los Rolling Stones. No porque la banda no estuviese de gira (que lo ha estado), sino porque andaría demasiado lejos y a desmano como para poderlos pillar.
Así que, a falta de Stones, tuve que buscar otro objetivo. Y la elección no fue casual, sino algo meditado y perseguido desde hace tiempo: poder ver en mayo a Eric Clapton celebrando su 70 cumpleaños en el Royal Albert Hall.
 
Pero antes de ese momento cumbre del año, llegaron otros también apreciables y que creo deben ser recordados. Como mi nuevo encuentro (y van tres) con los Quireboys en enero (¡estos tíos nunca fallan!), mi segundo con The Brew en febrero (tremenda la energía que transmite esta gente en directo), mi esperada (y milagrosa) cita con el mítico Wilko Johnson en abril o la presentación del fantástico disco de Loquillo junto a los Nu Niles en la Riviera madrileña. 
 
Y sí, llego mayo, y con él la hora de la primera visita a Londres del año (en noviembre vendría otra), para asistir al acontecimiento marcado desde el principio con rojo en el calendario: Mr.Slowhand celebraba su 70 cumpleaños con siete conciertos en el Royal Albert Hall y yo no me lo quería perder por nada del mundo. La idea inicial era verle una única noche (la del 17 de mayo), pero, a una semana vista del viaje, se me puso a tiro otro ticket para repetir dos días antes y no lo dudé. Aunque con repertorios casi calcados, ambos conciertos fueron para mí distintos. El primero, especialmente emocionante, mágico e inolvidable. El segundo, algo más frío, quizás por la pérdida del factor sorpresa, pero de nuevo único y tremendamente disfrutable. Una experiencia maravillosa.
 
 
Y después del Clapton, ¿hubo más vida conciertística en este 2015? ¡Vaya que si la hubo, amigos! Sin ir más lejos, mayo terminó y junio empezó para mí con otro de los momentos álgidos del año: la visita de Angus y sus chicos a Madrid por primera vez en ¿siete? años. También aquí hice doblete y disfruté mucho en los dos shows, aunque por distinto motivo. El primero (el del 31 de mayo), por las ganas de reencuentro con la banda y la gran compañía que tuve a mi lado. Y, el segundo (el del 2 de junio), porque AC/DC rayaron a mejor nivel.
 
 
 
Junio trajo también otro momento clásico y álgido que se repite todos los años: el Azkena Rock Festival. Aunque esta vez, el certamen no estuvo a la altura. El despropósito en la confección del cartel (en la segunda de las jornadas faltó un cabeza que mereciera ese nombre) y cierta desidia y mal sonido en los que debían haber sido los triunfadores (ZZTop), provocó que se contasen con los dedos de una mano las actuaciones que merecieran la pena (Sven Hammond, The Dubrovniks, L7, John Paul Keith y Cracker).
 
De vuelta del Azkena, aún quedaba un intenso mes por delante antes de las vacaciones, con el encadenamiento de cuatro citas de alto nivel: la de unos KISS que estuvieron fantásticos y creo cerraron muchas bocas. La de un Paul Weller cañero y perro viejo, presentando su nuevo álbum. La del mito Bob Dylan, delicioso a la par que magnético, pero en un recinto poco acorde a su sobria propuesta. Y la de un (para mi) sorprendente Lenny Kravitz, que rockeo, divirtió y dio muestras de sobrada clase. 
 
En agosto, decidí dar rienda a una pequeña pero deseada locura y me fui hasta Brienz, un pueblo perdido de Suiza para asistir a un festival que tenía como cabezas a Thunder y H.E.A.T., dos bandas casi desconocidas a los ojos del gran público. ¿Mereció la pena? ¡Por supuesto! Y no sólo la mereció, sino que en el concierto de H.E.A.T. viví uno de los momentos más memorables del año.
 
 
Así me planté en el último cuatrimestre, donde aún tenía por delante un viaje musical más. Pero antes, a modo de aperitivo, asistí a la presentación del nuevo disco de Los Deltonos en Madrid (¡grandes Hendrik Röver y sus chicos!) y a la gira cañera del año por excelencia, la protagonizada por Slayer y Anthrax (magníficos ambos).
 
Con ello, llegó noviembre, momento de mi segunda escapada a Londres de 2015. ¿El motivo? Inicialmente, asistir al “Final Tour” de Mötley Crüe. Pero luego la diosa fortuna quiso que ese mismo fin de semana se me pusieran a tiro otros dos conciertos que, a la postre, estarían entre mis favoritos del año: Tedeschi Trucks Band y Tom Jones junto a Van Morrison. Momentos, los tres, para recordar con letras de oro.
 
 
De vuelta de Londres, aun me quedaba un intenso último mes, en el que tuve la oportunidad de ver a Richard Hawley (¡qué ganas tenía de pillarle!), Nikki Hill (tremenda y muy recomendable tipa), Spike & Tyla (memorable la aparición de Spike borracho en el escenario cuando el concierto llevaba casi media hora) y Vintage Trouble (¡menudo pedazo de frontman que tienen estos tíos!).
 
 
En definitiva, otro año más en el que mi rumbo quedó marcado por momentos como los relatados. Momentos que, como ya dije aquí justo hace 365 días, ponen el listón muy alto para ser superados en lo venidero. Aun así, intentaré que 2016 no desmerezca...¡Feliz Año, amigos!
 
MI TOP TEN DE CONCIERTOS 2015:
3.- AC/DC - Estadio Vicente Calderón, Madrid (31/05/15 y 02/06/2015)
7.- KISS - Barclaycard Center, Madrid (22/06/2015) 
9.- Lenny Kravitz - Barclaycard Center, Madrid (20/07/2015) 
10.- Bob Dylan + Los Lobos - Barclaycard Center, Madrid (06/07/2015)

Lo mejor de 2015 (I)


El tiempo vuela, amigos. Parece que fue ayer cuando empezábamos el año y, en un abrir y cerrar de ojos, ya nos vuelve a tocar repasar y hacer balance musical del mismo.

No os voy a engañar: este 2015, en lo conciertístico, ha sido para mí absolutamente excitante, sin duda uno de los mejores que recuerdo. Pero, si hablamos de novedades discográficas que hayan pasado por mi reproductor, no puedo decir lo mismo: cada vez me topo con más mediocridad y menos cosas que me enganchen realmente.

Aun así, creo que ha habido discos notables, como los publicados por clásicos de esos que nunca fallan, como Lemmy y sus Motorhead, Paul Weller, Robben Ford, Richard Hawley o en nuestro país, o el Loco junto a los Nu Niles.

A ellos, cabría también añadir algunas sorpresas positivas con las que a priori no contábamos, como las del “Stone” Bernard Fowler, la de esa banda con chica al frente llamada Halestorm, la de los renacidos W.A.S.P., o la de Igor Paskual y su “Tierra Firme”. Pero también hemos tenido apuestas fallidas, como la del disco “latino” del barbudo Billy Gibbons, la del “Purple album” de Whitesnake o la de esa obra ya menor de Gun llamada “Frantic”.

Dicho esto, vayamos al grano. A lo que nos interesa. A los 10 discos que elijo para mi top ten particular del año:

1.- Keith Richards - "Crosseyed Heart" 

Confieso que, cuando supe que Richards estaba grabando un álbum en solitario a estas alturas, pensé que más bien se trataría de un puro divertimento descafeinado que no habría que tomar muy en serio. Y sí, divertimento es, efectivamente. Pues no en vano, Kiz da rienda suelta en él a todo lo que le (y nos) gusta: riffs stonianos por doquier (“Heartstopper”, “Trouble”, “Nothing Of Me” o “Amnesia”), blues venido del Mississippi (como el del tema que da título al álbum), Rock&Roll de escuela Chuck Berry (“Blues In The Morning”), sonidos country, algunos toques funkies (“Substantial Damage”) y unas pinceladas reggae (“Love Overdue”) para poner color al que, en mi opinión, es ya el mejor y más maduro trabajo del guitarrista de la mayor banda de rock and roll de todos los tiempos.

2.- Thunder - "Wonder Days"

No miento si digo que, al empezar el año, éste era mi disco más esperado. No en vano, aquí escribí sobre él, anticipando y presagiando la gran obra que estábamos a punto de tener en nuestras manos. Classic Rock de muchos quilates. Elegante, trabajado y parido por una banda que sabe lo que se hace. Si no fuera por la irrupción del amigo Keith, sin duda hubiera sido mi disco de cabecera para este 2015. Sólo por temas de tanta clase como “Resurrection Day”, “Broken”, “The Thing I Want”, “I Love The Weekend” o el propio que le da título ya lo merecería. ¡Chapeau para Thunder y este "Wonder Days"!

3.- Chris Isaak - "First Comes the Night"

Chris Isaak es un tío por el que siempre he tenido simpatía, musical e incluso personal. Pero después de dejarnos maravillados en su visita a España de hace algunos años, la simpatía ya no es tal, sino que se ha ido transformando casi en devoción. Es por ello que esperaba como agua de mayo que nos diera noticias sobre un nuevo trabajo. Y ¿qué vamos a encontrar en este "First Comes the Night"? Pues, la mejor noticia es que no encontramos ninguna sorpresa. Chris sigue la línea de su magnífico “Mr.Lucky” y nos regala un álbum lleno de matices, melodías, estrofas de estructura perfecta, estribillos tarareables y aroma cincuentero, de ese que tanto nos gusta: el de Elvis (“Don't Break My Heart”, “Kiss Me Like A Stranger”), Jerry Lee (“Running down The Road”), Roy Orbison (“Reverie”, “Perfect Lover”) y la Sun Records. Una auténtica delicia. Y ojo, porque la edición deluxe viene con cinco temas extra que son también canela fina. Amigo Chris, ¡cuánto te echábamos de menos!

4.- Johnny Hallyday - "De l' Amour"

A finales de 2009, el gran Johnny Hallyday sufrió algunos problemas graves de salud que a punto estuvieron de costarle la vida. Pero resurgió cual ave fénix y, desde entonces, nos ha malacostumbrado, poniendo en el mercado casi un disco por año, todos ellos de enorme calidad. Si ya su “Rester Vivant” estuvo en mi top ten del 2014, ahora vuelve a la carga con un "De l' Amour", que creo incluso le supera. Un álbum intimista, elegante y enormemente cantado y tocado. Desde el rockabilly old school del tema que lo abre y le da título, hasta la melódica “Un Dimanche de janvier” que lo cierra, pasando por las enormes “Dans la peau de Mike Brown”, “Avant de frapper” o “Des raisons d'esperer”, todo en este disco es tremendamente disfrutable. Si las cosas van según lo previsto, a principios del año que viene volveré a escaparme a su Francia natal para verle presentándolo en directo. ¡Grande Johnny!

5.- Tom Jones - "Long Lost Suitcase"

Tiene cierta gracia que, en pleno 2015, al hacer mi lista de discos del año, coincidan en la misma leyendas como Keith Richards, Johnny Hallyday o Tom Jones. En el caso de este último, hace poco escribí aquí mi opinión sobre el paralelismo que veo entre su carrera los últimos años y la que en su momento tuvo Johnny Cash. No sé a vosotros, pero a mí, la reciente trilogía del Tigre de Gales (“Praise & Blame”, “Spirit of the Room” y este "Long Lost Suitcase" que nos ocupa) me huele a kilómetros a los ya míticos “American Recordings” de Cash. ¿Por qué? Pues fundamentalmente por el estilo de las canciones seleccionadas (góspel, blues, country), la poco instrumentación con que han sido grabadas (buscando que predomine y sobresalga la voz por encima de todo) y la absoluta madurez y brillantez con que están cantadas. Todo en este disco, en mi opinión, es brillante y delicioso. Pero, si me tuviera que quedar con algo concreto, lo haría con la que, para mí, es ya la interpretación más mágica y estremecedora que he oído en los últimos tiempos. El tema con el que homenajea a ese amigo con el que coincidió en Las Vegas: "Elvis Presley Blues".

6.- Buddy Guy - "Born to Play Guitar"

I was born in Louisiana and, at the age of two, my momma told my papa: Our little boy's got the blues. I grew up real fast and I've traveled very far. One damn thing's for sure: I was born to play the guitar

Ni más ni menos que así, con el gran Buddy Guy entonando esas frases junto a su guitarra desnuda, comienza este magnífica obra, en el que el mítico bluesman no está sólo: amigos como Billy Gibbons (magnífico el boogie blues rock que se marcan a medias), Kim Wilson y su armónica, Joss Stone y su preciosa voz, o Van Morrison (junto a quien homenajea al añorado B.B. King), ponen su granito de arena y colaboran para dar forma al que, a mi juicio, es el disco de blues del año. Suena a testamento y auto homenaje…si no fuera porque el viejo Buddy aún parece tener cuerda para rato. ¡Y nosotros que lo veamos!

7.- Iron Maiden - "The Book of Souls"

¡Diablos! Hacía años que un disco de los viejos Maiden no me gustaba tanto. Me confieso fan total de la banda, pero más bien de sus primeras épocas. He intentado prestar atención a todos y cada uno de los trabajos que han ido poniendo en el mercado, pero ninguno de los últimos 5 o 6 había conseguido engancharme como lo ha hecho éste. Aquí hay material del bueno, canciones inspiradas y grandes interpretaciones (mención especial a las voces de Bruce, una auténtica maravilla). Su hora y media de duración puede asustar a simple vista, sí. Pero eso en ningún momento se convierte en aburrimiento, lo cual es mucho decir. Escuchad con calma “Empire of the Clouds” y descubrid como una canción de 18 minutos puede tornarse en 18 minutos maravillosos. En unos meses los tendremos por aquí presentándolo. ¡Up the Irons, carajo!

8.- FM - "Heroes And Villains"               

Cuando uno descubre un disco de hard rock melódico de manual, como éste, no queda sino dar las gracias por ello y regocijarse en su escucha una y otra vez. Elegancia, calidad, clase, melodías, estribillos y aroma a esos primeros tiempos del A.O.R. que parecían ya perdidos. “Call on Me”, “Big Brother”, “You're the Best Thing About Me”, “Digging up the Dirt”… Este disco va sobrado de canciones de nivel. Si alguien tiene alguna duda, que le dé una oportunidad. Absolutamente delicioso.

9.- Michael Monroe - "Blackout States"

¿Alguna vez Michael Monroe va a editar un disco malo? Yo, sinceramente, tengo el convencimiento de que, aunque quisiera, no podría. Este "Blackout States" no inventa la rueda, ni tampoco lo pretende. A Monroe le basta con volver a meter en su coctelera las cantidades justas de punk, pop, glam y Rock&Roll, y agitar como sólo sabe él hacerlo. ¿Os gustaron sus anteriores “Sensory Overdrive y “Horns and halos”? Si la respuesta es sí, "Blackout States" será uno de vuestros discos del año.

10.- Def Leppard - "Def Leppard"

Def Leppard sonando nuevamente a Def Leppard. Basta con oir temas como “Dangerous” para darse cuenta de ello. Y puede parecer obvio, pero creo que ahí reside la clave de este álbum. Eso sí, sin malos entendidos: que nadie espere a estas alturas un nuevo “Pyromania” u otro “Hysteria”, porque se sentirá decepcionado. Pero si os basta con el hecho de que los chicos de Sheffield sigan rockeando y siendo fieles a su particular estilo, encontraréis buenos motivos también para ensalzar el disco.


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