miércoles, 27 de junio de 2018

Azkena Rock Festival 2018


Al Azkena se va. Ese es el eslogan que, desde hace un tiempo, ha acuñado la organización, resumiendo, en una frase, el pensamiento de buena parte de los que allí, año tras año, nos congregamos. No importa que otros festivales traten de seducirnos con propuestas mastodónticas. No importa que llueva o haga sol. Y, por no importar, no importan casi ni las bandas que actúen (entiéndaseme esto último con la debida cautela). Al Azkena se va. Y punto.


Se va, porque su ambiente es magnífico y su propuesta, guste unos años más y otros menos, siempre es variada, configurada con gusto y de calidad.

Se va, porque no es fácil encontrar un festival tan cómodo. En el que la ausencia de agobios sea absoluta. En el que apenas sea necesario hacer colas (ni para beber, ni para comer, ni para ir al baño). En el que uno pueda ver los conciertos tan bien y con tanta tranquilidad.

Se va, en definitiva, porque uno encuentra en Vitoria, ese fin de semana, el sitio perfecto para estar y disfrutar de lo que más nos gusta: la música.

Y, por todo ello, hasta allí nos fuimos un año más.

VIERNES 22 DE JUNIO


RIVAL SONSapenados por no llegar a tiempo a ver a los Sheepdogs, al menos desembarcamos en el recinto a la hora justa para romper el hielo con los californianos Rival Sons, una de nuestras bandas más deseadas, a priori, del festival y, a la postre, la mayor decepción del mismo. Esperábamos muchísimo del demoledor directo de Jay Buchanan y los suyos, que comenzaron bien con un poderoso “Electric Man”. Pero ni el sonido, ni la temprana hora, ni la solanada que se comieron, jugaron a su favor. Y, ante ello, la banda bajó los brazos, terminó por desconectarse y se limitó a cumplir de forma ramplona el expediente. Son buenos, no hay duda. Pero está claro que no fue su día. Una pena. 


VAN MORRISON: Era mi tercera vez con el irlandés y, quizá de las tres, ésta fue la que más me agradó su propuesta. Probablemente, ni el Azkena es su sitio ideal, ni el público del Azkena es su público objetivo. Pero es innegable que el tipo puso de su parte, dejando de lado sus habituales malos gestos, mostrando buena actitud y conformando un setlist eminentemente bluesero, tocado y cantado con maestría por él y su formidable banda. Quizás se echó de menos algo de pegada y volumen al principio, pero el show fue de menos a más y acabó por transformarse en un buen concierto. Bien por Van. 


DEAD CROSS: antes del festival, intenté escuchar varias veces el disco de debut de la banda, pero no conseguí, en ninguna de ellas, pasar del tercer o cuarto tema. Y, aun así, tenía ganas de ver este concierto. No ya tanto por sus canciones (con las que, como os digo, no conecto), sino por el hecho de ver juntos a dos tipos como Patton y Lombardo de los cuales sí soy fan en sus otros proyectos. Y he de decir que el show me pareció musicalmente mejor de lo esperado, disfrutable y ameno. Tengo claro que me quedo con el Mike Patton de Faith No More. Pero, ¡diablos! Este tío, haga lo que haga, ¡tiene un carisma alucinante! Y de la bestia parda llamada Dave Lombardo, ¿qué queréis que os cuente? ¡Menuda forma de aporrear la batería! Eso sí, tras esa tomadura de pelo final, amagando con el “Reign in Blood” (Slayer) unido al “Epic” (Faith No More), para luego dejarnos con un “coitus interruptus”, ¡los hubiera matado!.


CHRIS ROBINSON BOTHERHOOD: con el recuerdo aun fresco de su reciente paso por Madrid, volvimos a encontrarnos con Chris y su hermandad, desgranando su ya conocida y cada vez más consolidada propuesta. Folk rock americano, psicodelia, jams y su inconfundible vena sureña. Nada nuevo bajo el sol y, a la vez, todo ello ejecutado de forma maestra (chapó, una vez más, por Neal Casal a la guitarra). He de decir, eso sí, que soy mucho más de los hermanos Robinson juntos que por separado. Chris y sus hippies, en algunos momentos me saturan, haciéndome desconectar un poco del concierto. Pero, mientras la deseada reunión familiar no llegue a buen puerto (que no tiene visos de suceder) y los cuervos vuelvan a la carretera, el hecho poder catar a uno de ellos, siempre merece la pena. 


GIRLSCHOOL: teníamos ganas de ver a Urge Overkill y, su caída del cartel a pocos días del festival, nos dejó un poco fríos. Las británicas “Girlschool” cubrieron el hueco y se destaparon con un intenso y entretenido bolo, al menos en el rato que las pudimos prestar atención. Para entonces, eran casi ya las 3am y el cansancio del largo día comenzaba a hacer mella. La retirada al hotel a tiempo, nos supo a victoria.

SÁBADO 23 DE JUNIO


JAMES TAYLOR QUARTET: ¡qué gran acierto son los conciertos matutinos de la Virgen Blanca! Año tras año, me viene este pensamiento a la cabeza, mientras estoy en la plaza, viendo a bandas que siempre dan con el perfil perfecto para tocar en ese sitio y a esa hora. Y esta vez, la propuesta funky-jazz de James Taylor y los suyos, no le fueron a la zaga. Justo lo que necesitábamos para acabar de desperezarnos, calentar esos momentos previos a la comida y comenzar con el mejor pie posible la segunda jornada.


MOTT THE HOOPLE: ¡Diablos! Uno está tan acostumbrado a encontrarse a gente con actitud perdonavidas que, cuando ve a tipos de casi 80 años (¡79 tiene Ian Hunter!) con tanta energía y tantas ganas de pasarlo bien encima de un escenario, no puede sino quitarse el sombrero ante ello. Y si, además, esos tipos se cascan un concierto del nivel del que Mott the Hoople se cascaron el sábado, ya tenemos juego, set y partido. “Golden Age of Rock 'n' Roll”, “Roll Away the Stone”, “All the Way From Memphis”, “Sweet Jane”, “All The Young Dudes”,…. ¡Se me pone la piel de gallina de recordarlo! Maravilloso, emocionante, memorable. ¡Bravo por Mott The Hopple!


TURBONEGRO: de acuerdo que los noruegos ya no rezuman peligro como antaño. De acuerdo que, sin Hank a las voces, no es lo mismo. De acuerdo que su actuación comenzó algo baja de volumen (cosa que pronto mejoró). De acuerdo que el repertorio estuvo quizás excesivamente basado en su (buen) último disco. Pero aun así, ¡me lo pasé en grande con ellos! Y ¿de qué se trata un concierto, sino de eso? Divertidos, entretenidos, potentes…Así fueron Turbonegro.


JOAN JETT: Joan Jett. La jodida Joan Jett. La legendaria Joan Jett. La amiga de Dee Dee y Joey Ramone. La líder de las Runaways. La gran dama del punk-rock. Nuestro mito sexual adolescente, desde que en los 80’s la viéramos en la peli con Michael J. Fox. La del “Bad Reputation” y el “I love Rock & Roll”. La de “Crimson & Clover”, la de “I Hate Myself for Loving You” y la de “Cherry Bomb”. Sí, esa. Con su extraordinario aspecto, su tremendo porte y su característica voz. Allí la tuvimos, durante hora y media. A pocos metros de nosotros. Desgranando un repertorio lleno de clásicos, apoyada en sus formidables “BlackHearts” y gozando de muy buen sonido en toda su actuación. Un gran cabeza de cartel para el Azkena. Gran acierto. Sí señor.


GLUECIFER: ¿cómo puede ser que estos tíos hayan estado tantos años separados? ¡Menuda pedazo de banda! ¡Qué energía! ¡Qué gran setlist! ¡Qué conciertazo, amigos! Si el año pasado fue el Culto quien cerró la jornada del sábado y se marcó el mejor bolo del festival, esta vez, Gluecifer fueron los encargados de una y otra cosa. “Kings of Rock” se hacen llamar y eso es algo muy serio. Pero noches como ésta, explican el porqué de ese mote. ¡Cómo se les echaba de menos!

Son más de las 3:30am y llevamos un buen tute encima. Ponemos punto final y abandonamos el recinto, mientras pensamos en lo rápido que ha transcurrido el fin de semana, lo bien que lo hemos pasado nuevamente y lo largo que se nos va a hacer hasta que llegue el momento de volver en la edición venidera… Porque sí, ya sabéis: mientras las cosas no cambien, al Azkena se va.


viernes, 25 de mayo de 2018

Roger Waters como solución al trauma



Hace justo siete años, hablé aquí de aquellas veces en las que, por distintos motivos, más he lamentado perder la oportunidad de asistir a un concierto. De cuando los Ramones o Willy Deville actuaron en el polideportivo de mi barrio. De cuando pude y no quise ir a ver a los Stones en Gijón (¡con los Black Crowes de teloneros!). De cuando dejamos agotar ante nuestros ojos la posibilidad de ver a Angus y sus chicos en la gira de Stiff Upper Lip. En definitiva, de mis grandes traumas “conciertísticos”.


Y todo vino traído a colación de Roger Waters y su tour de “The Wall”, cuyo paso por nuestro país también me perdí en 2011. En aquel momento, os conté que no era yo un gran fan de Pink Floyd pero que, aun así, tenía la intuición de que aquel concierto me habría encantado y por ello lamentaba haberme quedado sin entradas.

Recuerdo escribir aquellas líneas con un gran disgusto en mi cuerpo, por saber que aquella iba a ser una histórica noche. Recuerdo leer las crónicas los días posteriores, con un sentimiento mezcla de envidia y rabia, al constatar que, efectivamente, así había sido. Y recuerdo llamarme idiota a mí mismo y auto prometerme que, si volvía a tener la oportunidad de ver a Waters en directo, no la iba a dejar escapar.

Han pasado siete años y sigo sin poder considerarme un gran fan de Pink Floyd. Pero confieso que, en este tiempo, he profundizado enormemente en su leyenda y su discografía, creciendo de forma exponencial mi gusto por su música.

Y hoy, por fin, voy a tener la oportunidad de cumplir mi auto promesa, asistiendo a su show de Madrid. Y quien sabe si superando con ello mi trauma...

viernes, 29 de diciembre de 2017

Lo mejor de 2017 (II)


Vivimos tiempos en los que, grabar un nuevo disco, ha pasado a ser, para muchas grandes bandas, un incordio, cuando no una mera excusa para poder salir a la carretera. Sobra decir que, la música enlatada, ya no da dinero como antes. Ahora, las habichuelas de verdad, se reparten en los mega festivales, las exclusividades, las cada vez más inflacionarias giras y los shows de estadio.

Hasta hace no mucho, que uno de los grandes viniera a tu país, era todo un acontecimiento. Ahora, no hay verano en que, para suerte de quienes amamos la música en vivo, al menos media docena de ellos, anden a la vez y casi en las mismas fechas compitiendo por ver quién la tiene más larga.

The Rolling Stones. Ese era el nombre sobre el que, a priori, iba a pivotar mi ruta conciertística en este 2017. Pero, por el camino, y gracias a lo arriba comentado, una serie de escuderos de lujo se fueron uniendo, hasta conformar un año inolvidable. Así que, como dijo "Jack the Rippper", vayamos por partes.


Después de un mes de enero tranquilo, Rival Sons, una banda que hasta entonces se me había mostrado esquiva, rompieron de forma inmejorable el hielo de la temporada, cumpliendo de sobra con las expectativas creadas. Tras ellos, y antes de que acabase febrero, pude también ver (y estrechar la mano) a toda una leyenda llamada John Mayall.

En marzo, enganché de nuevo a Blackberry Smoke, después de que su actuación del Azkena 2016 nos supiese a “coitus interruptus”. Queda claro ya que estos tipos son una apuesta segura. Y, ¡por cierto! ¡Ojito a los teloneros que llevaron ese día! Se hacen llamar Biters y representan uno de los descubrimientos más agradables del año para quien esto suscribe.


Pero, si hubo una noche para el recuerdo en este primer trimestre, fue la que Susan, Derek y su Tedeschi Trucks Band nos ofrecieron en Zurich a finales de marzo. Era nuestra segunda vez con ellos (tras la de Londres en 2015) y volvieron a maravillarnos casi tanto como la anterior. Tuvimos, además, la ocasión de saludarles al final del show y no dejamos pasar la oportunidad de hacerles una petición: “¡Susan, por favor! ¡Tenéis que ir a tocar a España!”

Abril y mayo fueron meses de transición. Pero, aun así, pude ver de nuevo, en ellos, a los ingleses The Brew (pura energía sobre el escenario), a los “gothic rockers” The 69 Eyes y a mis queridos Deltonos, éstos además por duplicado (Madrid y Valladolid).



Aunque hubo un tiempo en que creímos que no sucedería nunca (al menos en esta vida…), Axl, Slash y Duff materializaron su lucrativa reunión y el “Not In This Lifetime Tour” de Guns N’ Roses recaló en Madrid el 4 de junio. Allí estaban, juntos en el escenario, tres de los cinco miembros originales de la que fue mi banda favorita a principios de los 90’s. Y, con ellos, di el pistoletazo de salida a dos meses de actividad casi frenética.



Ver a Primal Scream, en la madrileña Riviera, sirvió de puente, para mí, a una cita ya ineludible cada temporada en estas fechas: fin de semana en Vitoria y AzkenaRock Festival. El cartel se presentaba imbatible y el resultado no le fue a la zaga: Hellacopters, King's X, The Shelters, Loquillo e Inglorious nos gustaron. Chris Isaak y Fogerty nos conquistaron. Thunder y Cheap Trick, nos enamoraron. Y, The Cult, en uno de los mejores conciertos vividos este año, directamente nos apabullaron.



Sin tiempo casi para la recuperación, otro plato fuerte nos esperaba en el horno: Aerosmith visitaban Madrid, después de muchísimos años. Y, por supuesto, allí nos plantamos, para dar fe de que los “Toxic Twins” siguen vivitos y coleando.

El segundo fin de semana de julio, volví a tirar de avión y me escapé a Londres, con un doble objetivo: Tom Petty y U2.



A los irlandeses, los vi hacer un, a ratos espectacular , pero algo irregular show del “Joshua Tree Tour”, en el maravilloso estadio de Twickenham.

Y, ¿de Tom Petty? ¡Qué os voy a contar de Tom Petty, amigos!

El sitio, la comunión con el público, el repertorio, la puesta en escena, la presencia de Stevie Nicks, los Heartbreakers…y, por supuesto, él. Todo esa tarde en Hyde Park fue mágico e inolvidable. 

Y no. Creedme que no me estoy dejando llevar por el aura de misticismo que su posterior desaparición puede infundir a lo que os cuento. Prueba de ello es que, pocos días después del concierto, aquí dejé ya escrito todo eso.



El Garage Sound, un festival de nueva creación en Madrid, fue nuestra última cita de julio. Viejas glorias de los 90’s, como Extreme, Thunder, Ugly Kid Joe o Terrorvision pasaron por allí, dejando el pabellón bien alto. Esperemos que la aventura pueda tener continuidad en años venideros.

Y, sin solución de continuidad, hicimos las maletas y comenzamos la gran aventura del año, en forma de "road trip" de varias semanas por la costa oeste americana. Allí, muchas cosas que hacer y, entre ellas, una marcada en rojo en el calendario: ver a los Who en el Colosseum de Las Vegas el 1 de agosto. Fue mi tercera vez con ellos y, sin duda, la más emocionante de todas.



Comencé septiembre volviendo a enganchar a Primal Scream (esta vez, en la plaza mayor de Valladolid, dentro de la programación de fiestas) y a la nueva versión de los Dogs D'Amour del amigo Tyla.

Y con ello, llegó por fin el momento Rolling Stones del año.

Cuando anunciaron su gira europea, me propuse asistir, al igual que en 2014, a un par de sus conciertos. Barcelona y París, dos citas con casi un mes de diferencia, fueron las elegidas. Y, en ambos shows, disfruté de lo lindo, pero el sabor de boca (agridulce en Barcelona y maravilloso en París) fue distinto. ¿Volveremos a tener la oportunidad de verlos en 2018? Todo parece apuntar a que así puede que sea.



¡Por cierto! Entre show y show de los Stones, tuvimos la oportunidad de ver en Madrid al mítico Ian Hunter y su Rant Band, demostrando que el tío está impecable pese a su edad y deleitándonos con un gran concierto.

Noviembre tenía también varias fechas marcadas en el calendario. La primera, correspondía a los suecos H.E.A.T., banda joven, con ganas de comerse el mundo y de la que quedé prendado en un festival en Suiza hace un par de años. La segunda, a Mike Sánchez, un fenomenal pianista de boogie-woogie al que descubrí en los Rhythm Kings de Bill Wyman allá por 2001. Y, la tercera, a Mike Scott y sus Waterboys quienes, aun con un, esta vez, discutible repertorio, nos ofrecieron una agradable velada.


Así llegó diciembre y, con él, tuvimos de nuevo a Los Zigarros calentando, a ritmo de rock n’ roll, la fría noche vallisoletana.

El año conciertístico estaba a punto de finalizar, pero aún quedaba la traca final, en forma de fin de semana intensivo en el madrileño WiZink Center: el viernes 15, viendo a Loquillo cerrar su exitosa gira y, al día siguiente, asistiendo a una nueva comunión de masas con el gran Dave Gahan y sus Depeche Mode quienes, una vez más, volvieron a encantarme.



Sin duda, un 2017 musicalmente inolvidable y difícilmente superable, del que me quedo con este "Top Ten" de momentos vividos:

3.- The Who - Caesars Palace, Las Vegas (01/08/2017)
9.- Aerosmith - Auditorio Miguel Ríos, Rivas Vaciamadrid (29/06/2017)
10.- Cheap Trick - Azkena Rock Festival, Vitoria (23/06/2017)

martes, 26 de diciembre de 2017

Lo mejor (y lo peor) de 2017 (I)


Gregg Allman, Butch Trucks, Chuck Berry, Malcom Young, Fats Domino, Charles Bradley, Chris Cornell, Johnny Hallyday, Tom Petty,..

Amigos, el Rock N’ Roll se nos desangra, año tras año, en un goteo constante que, lejos de parar su hemorragia, incrementa su ritmo.

Es ley de vida, lo sé. Muchos de nuestros referentes musicales, han entrado ya en una edad que nos pone en preaviso de “malas noticias”. Pero, cuando éstas llegan, cuesta aceptarlas.

Siento gran respeto por todos los arriba mencionados. Han sido, son y serán parte importante de la música que amamos. Pero, por distintos motivos, dos de esas pérdidas me han marcado especialmente y abanderan lo peor de este 2017.


Tom Petty y Johnny Hallyday. Dos tipos por los que sentía una profunda admiración. Dos tipos a los que había visto recientemente en directo. Dos tipos a los que contaba con volver a ver…


Pero es momento de hacer balance, no sólo de lo malo, sino también de todo lo bueno que ha tenido el año. 

Al pensar en ello, me doy cuenta de que el cuerpo me ha vuelto a pedir refugiarme en álbumes clásicos, antes que aventurarme a descubrir nuevos lanzamientos (¿cosas de la edad?). Aun así, hay algo más de una veintena de trabajos editados en el periodo que, en mayor o menos medida, me han acompañado estos meses.



Eso sí, esta vez, me cuesta decidirme por diez, como en otras ocasiones. No ha sido éste un año en que tenga claros favoritos por encima del resto. Así que, sin que sirva de precedente, me olvido de listas y paso a nombrarlos tratando de no establecer un orden concreto.

Gregg Allman y su sobrecogedor y póstumo “Southern Blood”. Imelda May y su elegante y cándido “Life Love Flesh Blood”. Ray Davies y su nostálgico homenaje a la tierra “Americana”.


El classic rock “old school” de Thunder (“Rip It Up”) y Revolution Saints (“Light In The Dark”). El esperado nuevo álbum de nuestros queridos suecos H.E.A.T. (“Into The Great Unknown”). O esa presentación en sociedad de The Magpie Salute que nos ha dejado con ganas de muchísimo más...


La enérgica sabia joven de los Biters (“The Future Ain't What It Used To Be”) y Tyler Bryant & The Shakedown. Los regresos en solitario de Little Steven (“Soulfire”) y Roger Waters (“Is This The Life We Really Want?”).


Gov't Mule y su, para mí, mejor trabajo en algunos años (“Revolution Come...Revolution Go”). The Waterboys y su extraño, largo e irregular “Out of All This Blue”. Chuck Berry y su inconfundible disco de despedida.


Gun y su consistente “Favourite Pleasures”. L.A. Guns y su esperada reunión (“The Missing Peace”). Alice Cooper y su “Paranormal”. Paul Weller y su “A Kind Revolution”.


La nueva grabación en directo de Tedeschi Trucks Band (¡firmada por ellos a mano en su show deZurich!). El enérgico “We're All Alright!” de Cheap Trick. El “Prisioner” de Ryan Adams.


Los pepinazos de The Godfathers (“A Big Bad Beautiful Noise”), The Professionals (“What In The World”) y Junkyard (“High Water”). El más que notable “Shade” de Living Colour.

O, por supuesto, las nuevas grabaciones sesenteras de los Stones “On Air”. Todos ellos han sonado con mayor o menor insistencia en mi reproductor durante los últimos 365 días. Y por ello creo que merecen ser recordados. 

¿Alguien no sabe por dónde hincarles el diente? Permitidme que os los presente a modo de compilación:


viernes, 27 de octubre de 2017

The Rolling Stones - U Arena (París), 22/10/2017


¡Diablos! ¡Qué largas se me han hecho las tres semanas y media transcurridas entre el concierto de Barcelona y el de París! Como os conté, su show en la Ciudad Condal me dejó un sabor agridulce. Tuvo momentos enormes, sí. Pero se vieron algo empañados por la actuación de Keith, sin duda la más floja y desconcertante de cuantas veces les he visto en directo. Y no os voy a engañar: me preocupaba que París sirviera para confirmar lo que ya dije al terminar el anterior. Que el amigo Richards ya no estuviera para estos trotes.


Pero ¡no sabéis cómo celebro haberme equivocado! El jodido Kiz revivió e incluso se quitó años entre una y otra fecha. Sí, sé que cuesta creerlo. Pero, al menos en el show parisino al que asistimos el pasado domingo, estuvo lúcido, locuaz, divertido, perfecto a la voz y muy centrado con su instrumento. Sin entradas en falso. Sin errores garrafales con la guitarra (aunque ésta, en momentos, estuviera un poco alta, para mi gusto). Sin lapsus ni instantes de desconcierto. Más bien todo lo contrario. 

Valga decir que, para quien esto escribe, uno de los momentos memorables de la noche, coincidió con la interpretación del habitual set de dos temas en los que Jagger se retira al camerino y él se queda de protagonista. Esta vez, su “Happy” sonó lleno de garra y, su “Slipping away”, sencillamente maravilloso y emotivo. Así, sí, querido Keith.


Pero no sólo él estuvo a la altura esta noche. El concierto, una vez más, fue enormemente emocionante y disfrutable, y tuvo mucho y bueno donde elegir.

Un recinto, inaugurado precisamente ahora con ellos, cómodo (excepto por los draconianos controles de acceso), espectacular a la vista y en el que todo sonó en su sitio.

Un inicio con más punch que el visto hasta ahora en el resto de shows de la gira. Ese punch que te da “Jumping Jack Flash”, pero que no tiene “Sympathy for the devil” cuando la tocas para abrir el fuego (al menos por lo visto en Barcelona).


Un setlist en el que, por supuesto, no faltaron los temas habituales (enormes, en esta ocasión, “Paint It Black”, “Midnight Rambler” y “Street Fighting Man”). Pero en el que hubo cabida para tres cambios que, personalmente, me supieron a gloria. Dos de ellos (la cover de Little Walker “Hate to See You Go” y la fantástica “Dancing With Mr. D”), hasta ahora, nunca se los había visto hacer en directo. Y, el tercero, fue ni más ni menos que un “Angie” que sonó por primera vez en la gira y puso patas arriba el recinto.


Una banda, que no sólo estuvo inmensa en la interpretación (en el caso de Mick, Ronnie y Charlie, eso ya no es ni noticia), sino a la que vi pasárselo especialmente bien esta noche. Con muchos más gestos de complicidad y socarronería que en otras ocasiones. ¡Bravo por ellos!


Pero… ¿y ahora qué? Esa es la pregunta que me hago desde hace varios lustros después de cada una de sus giras. Con estos tíos, ya sabéis que siempre ha existido el riesgo de que fuera la última vez. Más aun cuanto más mayores se hacen. Sin ir más lejos, después de su último bolo madrileño de 2014, tuve la sensación de que quizás así sería. 

Pero esta vez no. Esta vez, estoy convencido de que no pueden despedirse de los escenarios sin una gira como dios manda por su querido Reino Unido. Los rumores están ya sobre la mesa e indican que podría tener lugar en el primer semestre de 2018. Si nada se tuerce, intentaremos estar allí.


Sí, lo sé, es sólo Rock&Roll... But we like it.
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