viernes, 28 de diciembre de 2012

Lo mejor de 2012 (I)


Gran cosecha discográfica la de este 2012. Así, sin rodeos ni paliativos. No recuerdo un año, al menos en la última década, en que tantas bandas clásicas se hayan conjurado a la vez para volver al estudio, haciéndolo además, en líneas generales, por la puerta grande. The Cult, Van Halen, ZZ Top, Rush, Aerosmith o Kiss son algunos de estos nombres (por no hacer mención a los dos estupendos nuevos temas de los Stones incluídos en su enésimo recopilatorio). Intentando estos días de atrás poner en orden mis discos favoritos de los últimos 12 meses, me salen no menos de 30 y, como digo, todos ellos de un alto calibre. Vayamos con mi Top Ten:

 
1.- Van Halen - “A Different Kind Of Truth”: ni los más optimistas esperaban un álbum de esta envergadura. Chulesco, cañero y tremendamente clásico y enérgico. Con toda la banda rayando a gran nivel, pero en el que los grandes protagonistas son Eddie y su guitarra, quienes hacen que los fans del classic rock nos sintamos de enhorabuena. Ahora sólo queda que de una vez por todas se dignen en cruzar el charco para venir a presentárnoslo.

2.- ZZ Top – “La Futura”: nueve años después y bajo la batuta maestra de Rick Rubin, nuestro barbudos favoritos han vuelto a poner las cosas en su sitio. Dejando de lado algunos modernismos pasados para ofrecernos nuevamente otra de sus lecciones de boogie-blues-rock tejano, marca de la casa, a través de 10 temas con los que es imposible parar de mover la pierna. Chapeau por ellos!

3.- Loquillo – “La nave de los locos”: Sabino y el Loco, mano a mano de nuevo, en un gran trabajo de rock adulto, oscuro, rabioso y melancólico a partes iguales. Brillantes composiciones, cuidadas letras, impecable producción y una enorme banda con el cuchillo afilado, conforman una obra imprescindible y a la altura de las mejores del que, por mérito propio, es ya un artista imprescindible de nuestra música.

4.- The Cult – “Choice of Weapon”: la relación amor-odio de Astbury y Duffy vuelve a despacharnos otro discazo sobresaliente,de sonido moderno, pero estructuras clásicas. Con influencias variadas de sus anteriores obras (Love, Beyond Good and Evil o el disco homónimo de la cabra se muestran aquí presentes), pero con nuevos y enriquecedores matices (esos pianos a lo Iggy Pop, esos ramalazos cuasi punk de “Honey Fom a Knife”,…) que le hacen distinto a todas ellas. A estas alturas de película, hay una cosa que tenemos ya clara: el Culto no falla.

5.- The Gaslight Anthem – “Handwritten”: fresco, melódico y cañero, siguiendo la estela de su magnífico “The '59 Sound” y con los espíritus de Springsteen y Mike Ness sobrevolando y contribuyendo a darle ese tono épico que manejan como nadie. Sin duda, una de las bandas de las últimas hornadas que más merecen la pena.
6.- Aerosmith – “Music From Another Dimension”: está claro que no es Rocks, Pump, ni Toys in the attic, pero la esperada vuelta de los Toxic Twins suena potente (baladas insulsas aparte) y rockea más de lo que se podría intuir a priori (la mano del viejo compinche Jack Douglas en la producción, no pasa desapercibida). Si bien, el disco peca de largo (15 temas son demasiados) y esa es precisamente su gran pega. De haber eliminado 3 o 4 cortes en el resultado final (las malditas baladas insulsas!), les habría quedado un álbum de notable alto. Aun así, celebramos su vuelta!

7.- Gun – “Break the silence”: siendo una de mis grandes debilidades como banda, reconozco que esperaba poco tirando a nada de este nuevo trabajo. La inestabilidad total y los cambios de formación y rumbo en los últimos tiempos, no hacían presagiar nada bueno de esta entrega. Y sin embargo, sorpresas te da la vida. Los hermanos Gizzy han facturado un disco que engancha. Muy aprovechable, lleno de energía positiva y en el que la esencia de antaño vuelve a estar presente. 

8.- John Hiatt - “Mystic Pinball”: el artista de Indianápolis se vuelve a mostrar como una apuesta segura a caballo ganador. Lo comenté el año pasado con “Dirty Jeans and Mudslide Hymns” y me reafirmo con este “Mystic Pinball”, que sigue la misma senda. Por méritos propios, uno de los grandes ya de la música americana de raices.

9.- The Bluefields – “Pure”: Dan Baird y Warner E. Hodges. Menuda pareja y menudo pedazo de disco que han facturado con este “Pure”. Elegancia, buen gusto, carisma y unas composiciones deliciosas para cualquier amante del rock clásico. Una de las grandes sorpresas del año, que esperamos tenga continuación en el futuro.

10.- Little Caesar – “American Dream”:  después de tantos años y batallas, los argelinos siguen vivos y en buena forma, como han vuelto a demostrar. Y la receta sigue siendo la misma (¿para qué cambiar el rumbo a estas alturas?): voz rasgada, guitarras humeantes, algunos toques sleaze y unas pizcas de blues, materializadas en 11 acertados temas que creo vuelven a dar la talla.

Como os decía arriba, me resulta muy complicado quedarme con sólo 10 discos. Baste echar un vistazo a esta otra tanda que os nombro a continuación para darse cuenta del nivel de la producción del año. Sin duda alguna, el listón queda muy alto de cara al futuro...Qué siga la fiesta!

Chuck Leavell – “Back To The Woods”
The Darkness – “Hot Cakes”
Danko Jones – “Rock And Roll is Black And Blue”
Kiss – “Monster”
Johnny Hallyday - “L'Attente”
The 69 Eyes – “X”
H.E.A.T. – “Address the Nation”
Rush – “Clockwork Angels”
Los Deltonos – “Saluda al campeón”
Rick Springfield – “Songs for the end of the world”
Gotthard - “Firebirth”
Tom Jones – “Spirit In The Room”
Chris Robinson Brotherhood – “Big Moon Ritual” / “The Magic Door”
Joey Ramone – “Ya Know?”
Bruce Springsteen – “Wrecking Ball”
Bob Dylan – “Tempest”
L.A. Guns – “Hollywood Forever”
Lynyrd Skynyrd – “Last Of A Dyin' Breed”
Great White – “Elation”
Soundgarden - "King Animal"
UFO – “Seven Deadly”

jueves, 20 de diciembre de 2012

Johnny Hallyday – Pau (Francia) 15/12/2012 (mi crónica del concierto)

 
Con apenas 20 días de diferencia, he tenido la oportunidad de asistir al primero de los shows del 50aniversario de los Rolling Stones en Londres y de sacarme por fin la espina que tenía clavada por no haber visto aun al gran Johnny Hallyday encima de un escenario.

Suena paradójico que, siendo uno de los grandes mitos de la música en todo el mundo francófono (más de 50 años ya de carrera, con 110 millones de discos vendidos, 18 de ellos de platino y alrededor de 100 giras), Johnny Hallyday goce de tan poco reconocimiento fuera de él.
Resulta frecuente ver cómo sus continuos Tours llenan hasta la bandera enormes estadios de fútbol (el pasado verano, sin ir más lejos, tres noches consecutivas el Stade de France en París, con capacidad para 80.000 personas, algo al alcance de muy pocos), pero siempre dentro del país galo o, como mucho, de alguna de las otras áreas de influencia francófona (Bélgica, Suiza o Canadá). 
Por ello, suponiendo que ni se le pasa por la cabeza girar por España, tenía meridianamente claro que, si quería verle, tendría que ser yo quien se desplazase.
Así que, después de revisar las fechas de su actual gira, fije hace varios meses ya mi objetivo en Pau, lugar pirenaico, cercano a nuestra frontera y accesible a tiro de coche, y allí me planté el pasado sábado. 
Una vez dentro del recinto, lo primero que hice fue corroborar el aura mítica y la veneración que se concede a Johnny en su país: tickets agotados desde hace tiempo, die-hard fans por todas partes, engalanados para la ocasión, expectación máxima y largas colas en los puestos de merchandising, en donde la variedad y la demanda de productos hablan a las claras del tirón del artista entre su público. 


Con sólo 10 minutos de retraso sobre la hora prevista, comenzó el show de forma absolutamente espectacular, con una sucesión de efectos especiales, luces y pirotecnia que desembocó con Johnny apareciendo tras una compuerta abierta en el medio del escenario, vestido de cuero negro de arriba abajo, para interpretar un demoledor “Allumer le feu” (enciende el fuego) que, personalmente, me dejo ya boquiabierto. Echad un vistazo a este video y juzgad por vosotros mismos:
En los temas iniciales, tres cosas me llamaron la atención, a parte del carisma que desprende Johnny: la primera, lo poderoso, roquero y hasta, permitidme la expresión, cañero, sonido de la banda en directo. La segunda, el altísimo nivel y buen hacer de la propia banda (algo por otra parte esperado), amén de la amplia composición (14 miembros) de la misma: dos extraordinarios guitarras (uno de los cuales, Robin Lemesurier, podría ser por aspecto y actitud, primo hermano de Ronnie “pájaro loco” Wood), batería, bajo, piano, hammond, armónica, 3 coristas y una sección de vientos de 4 personas (casi nada!). Y la tercera, el enorme paralelismo que encuentro entre Johnny y nuestro Loquillo, influencia jamás escondida por este último: las poses, los gestos, la chulería, la actitud, el estilo musical e incluso la relación con la propia banda. Absolutamente revelador.
Con un blues apoyado en la sección de vientos (“Excuse moi partenaire”), algunos temas clásicos como “Quelque chose de Tenessee” (cantado éste entre el público) o el esencial “Rock'n'roll attitude”, un duelo vocal espectacular con una de sus coristas en “I who have nothing”, o una gran versión del “Hey Joe” de Jimmy Hendrix, llegamos al punto central del concierto, en el que Johnny se desplazó junto a parte de la banda a un pequeño escenario circular ubicado en el medio del recinto, para deleitarnos con una espectacular mini sesión de rockabilly, a lo '68 Comeback Special. Fueron 5 temas como 5 soles, en los que no faltaron las referencias a Eddie Cochran y su Something Else (“Elle est terrible”) o al propio Elvis, con este “I'm gonna sit right down”:
 

Y con el ambiente como una caldera, la banda retornó al escenario principal para iniciar el tramo final del show, con un “Que je t'aime” coreado por todo el público, una versión del “Fortunate Son” de la Creedence (renombrada en francés como “Fils de personne”) que sonó tremenda y un sensacional “L'envie”, tras los que se retiraron al camerino.


Pero por supuesto, tuvimos bis y no uno, sino dos. El primero, iniciado con el buen tema de su último disco “L'amour à mort” y rematado con uno de sus grandes clásicos, “La musique que j'aime”. El segundo, mucho más intimista, con Johnny acompañado únicamente de una guitarra acústica y un piano para hacer un “L'attente” que sonó precioso y tras del cual, 2 horas después del inicio, desapareció entre humo por la misma compuerta del medio del escenario por la que había aparecido al principio.
 
Os contaré como anécdota que, nada más salir del concierto, envié varios mensajes comentándolo a través de mi cuenta de twitter, dos de los cuales fueron retwitteados, ante mi asombro, desde la cuenta del propio Johnny, como podéis ver aquí abajo:


Han pasado ya algunos días y, con la perspectiva que eso me da, puedo decir que, al igual que en el caso de los Stones en Londres, también este concierto ha sido de los que deja poso.

A pesar de sus 69 años y los achaques varios de salud (el último, el pasado verano) ver a Johnny Hallyday vivito, coleando y en buena forma vocal y física, me hace creer que aun puede tener cuerda para rato. Por mi parte, si en el futuro tengo la oportunidad de repetir, no me lo pensaré dos veces. Y si se os pone a tiro, os recomiendo que tampoco lo hagáis. Veréis a un tipo con un carisma especial, un maestro de la Rock ‘n’ Roll actitud.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Londres huele a música

 
En anteriores visitas a la ciudad ya había tenido la oportunidad de percibir y empaparme del maravilloso ambiente musical que reina en la capital británica.

Tiendas de discos por doquier, para todos los gustos y estilos (desde la enorme HMV de Oxford Street a las maravillosas “Sister Ray” y “Reckless Records”, ambas en Berwick Street, en pleno Soho), memorabilia y merchandising de cualquier grupo habido y por haber (¿qué me decís de la recomendable “It’s Only Rock ‘N’ Roll” o la “Beatles Store” de Baker Street, donde antaño estaba la añorada “Elvisly Yours”?) y, sobre todo, historia, mucha historia a lo largo y ancho de sus calles.
Y aun así, en esta ocasión percibí un aroma diferente, aún más acentuado. La excusa de mi viaje era inmejorable (asistir al primero de los conciertos del 50 aniversario de los Rolling Stones) y, quizás fuera mi impresión personal, pero tuve la sensación de que la ciudad se había puesto de acuerdo para conmemorar también tan magno evento.
Ya desde mi llegada, pude darme cuenta de cómo la máquina de la mercadotecnia Stoniana se había puesto a funcionar a todo trapo, cuando en varias ocasiones me pararon por la calle para ofrecerme distintos panfletos como estos dos que os enseño aquí abajo.

Por no hablar de la prensa, en la que la banda y su primer show londinense eran una de las indiscutibles estrellas del fin de semana, o la televisión, con programas especiales en la BBC el día antes.
 
 
Pero eso no era nada al lado de la sensación producida al ver a Carnaby Street engalanada al completo con enormes carteles de la mítica lengua y discos de la banda en forma de adornos navideños. No os engaño si os digo que, a lo largo de los tres días que estuve allí, al menos media docena de veces recorrí la calle de arriba abajo, buscando no perder detalle y disfrutar del momento al máximo.
 



Y hablando de disfrutar, de lo lindo lo hice en la recién inaugurada tienda oficial del grupo (el paraíso para cualquier fan…), ubicada también en Carnaby Street. Dos plantas repletas de enormes fotos de la banda colgadas de las paredes e innumerables objetos de merchandishing, que recorrí de arriba a abajo con los ojos como platos y decidiendo qué llevarme conmigo de vuelta a España entre las decenas de camisetas, libros, cofres, vinilos, posters y demás enseres varios de colección. Difícil (y cara) decisión la que tuve que tomar...
 


 
Aunque lo más importante que terminé por traerme fue el recuerdo imborrable de unos días en los que Londres no sólo olía a música como de costumbre, sino que, directamente, y como podéis ver, Londres olía a Stones.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

The Rolling Stones – O2 Arena (Londres), 25/11/2012 (mi crónica del concierto)

 
Han pasado poco más de dos días y aún sigo en una nube de la que me resisto a bajar. Llevaba esperando este momento desde que los vi por última vez en 2007, siempre con la incertidumbre de si algún día llegaría. ¡Y vaya si llegó! Ahora ya puedo decir que me siento tremendamente afortunado de haber podido disfrutar al menos una vez más de la banda más grande de la historia. Y no en un lugar y una fecha cualquiera, sino en su casa y en la celebración de su 50 aniversario. Palabras mayores, amigos.
 
Todo el fin de semana vivido en Londres ha sido realmente memorable. La ciudad, punto siempre neurálgico para cualquier amante de la música, rezumaba esta vez aire Stoniano por los cuatro costados y de ello os daré debida cuenta en algún próximo relato. Porque en éste quiero centrarme en desgranar mi visión y mis sensaciones del que es ya, por mérito propio, un inolvidable concierto.
 
 
El O2 Arena, antes conocido como Millennium Dome, es un recinto que deja con la boca abierta, tanto por fuera (espectacular iluminado de noche), como por dentro, con su monstruosa capacidad (todos los espectadores, incluso los de pista, sentados) y su sorprendente gran acústica. A pesar de haber desembolsado una buena suma por mi ticket, su localización no era precisamente la mejor. De acuerdo, estaba bastante centrado, pero algo más arriba de lo que me hubiera gustado. Aun así, ello no iba a desmerecer para nada el evento. Al fin y al cabo, lo importante esta noche era estar allí y daba un poco igual dónde.
 

Así, a las 20:38, con casi 40 minutos de retraso, dio inicio el show con la proyección de un precioso video que, a modo de calentamiento para lo que estaba por venir, recogía los mensajes grabados por distintos artistas (Iggy Pop, Angus Young, Pete Townshend, Elton John, Nick Cave, Johnny Depp,…) mostrando su admiración, simpatía y felicitación a la banda por su aniversario. ¡Chapeau para ese comienzo!
 
Tras su finalización, se apagaron las luces del recinto, quedando únicamente iluminado el escenario en forma de lengua y manando de sus lados e introduciéndose entre el público dos grupos de 15 o 20 individuos disfrazados de “GRRRegory” (el gorila de la portada del recopilatorio recientemente editado) que con grandes tambores y un ritmo machacón hacían presagiar que lo gordo estaba a punto de empezar.
 
Y sí, por fin una voz anunció lo que todos llevábamos tanto tiempo esperando (“Ladies and gentlemen, please welcome…The Rolling Stones!!!”) y la banda saltó a escena con la primera gran sorpresa de la noche: “I Wanna Be Your Man”. Confieso que estaba expectante por saber con qué tema abrirían la velada y la elección me hizo rendirme ya a sus pies. Qué mejor forma que iniciar este concierto de aniversario, que regresando precisamente hasta 1963 y haciéndolo con un tema…compuesto por John Lennon y Paul McCartney!!!!!!!! A eso se le llama cerrar el círculo de una forma absolutamente maestra y genial. ¡Chapeau de nuevo!
 
 
Sin tiempo para el respiro, atacaron a continuación un potentísimo “Get Off Of My Cloud”, que sonó a auténtica gloria. Y mientras la pantalla proyectaba imágenes en blanco y negro de los primeros años de la banda, sonaron “It’s All Over Now” y “Paint It Black”, para cerrar esta tanda inicial de recuerdo de su época más antigua.
 
Los primeros acordes de “Gimme Shelter” me hicieron poner ya la carne de gallina y los ojos llorosos. Siempre me ha fascinado esta canción, pero esta vez lo hizo de forma superlativa, convirtiéndose en el primer gran momento mágico de la noche. Por cierto, no fue Lisa Fischer quien realizó en esta ocasión el dueto vocal con Jagger como es habitual, sino Mary J. Blige, artista invitada que compartió escenario con el grupo en este tema.
 
 
La deliciosa “Wild Horses” supuso el único momento reposado de la velada y “Lady Jane” hizo de transición hacia la tormenta que a continuación se iba a desatar.
 
All Down The Line” sonó a gloria bendita y sirvió para que los chicos agradeciesen a su vez y rindiesen tributo a todos aquellos predecesores y colegas sin los que ellos no hubieran llegado hasta aquí. Las pantallas gigantes proyectaron durante toda la canción un montón de fotos de los más grandes de la historia de la música moderna (Chuck Berry, Elvis Presley, Jerry Lee, Johnny Cash, B.B.King, John Lee Hooker, Bo Diddley, Otis Redding, James Brown, Etta James, Charlie Parker,…). Precioso y entrañable detalle que, personalmente, me hizo quedar, por segunda vez ya, al borde de la lágrima.
 
Y sin tiempo para recuperarnos…Mr. Jeff Beck apareció en escena acompañando a la banda con su guitarra (¡espectacular el sonido y la forma de tocar!) en un poderosísimo “Going Down” que contribuyó a redondear (junto con el tema anterior) el segundo momento memorable de la noche.
 

Y después de la tempestad, vino la relativa y momentánea calma: “Out Of Control” y las nuevas “One More Shot” y “Doom And Gloom” pusieron una tregua y un cierto bajón en la tensión acumulada, antes de que Mick Jagger anunciase que tenían a otro invitado muy especial esa noche. Veinte años después, el gran Bill Wyman volvía a subirse a un escenario con sus antiguos colegas, para interpretar dos cañonazos (“It’s Only Rock ‘N’ Roll” y “Honky Tonk Women”) que pusieron al recinto de nuevo patas arriba.
 
 
Por cierto, he de decir que hasta este momento de la noche, la presencia de Keith Richards fue bastante secundaria y algo decepcionante, asumiendo todo el protagonismo de la guitarra esa otra bestia parda llamada Ronnie Wood (este sí, magnífico toda la velada). Y digo hasta este momento, porque hubo un antes y un después de “It’s Only Rock ‘N’ Roll”, en donde a Keith, que se marcó un brillante solo, creo comenzó a disfrutar de verdad por primera vez.
 
 
No en vano, a continuación vino su momento, ese en el que en todos los conciertos asume la responsabilidad de la voz, además de la guitarra, marcándose unos antológicos “Before They Make Me Run” y “Happy”…¡grande Keith una vez más!.
 
Sin presentación previa, un fraseo de su guitarra dejo intuir en la oscuridad, antes de que un foco le iluminase, la presencia del otro invitado especial de la noche: el gran Mick Taylor, con el que se marcaron un “Midnight Rambler” de quitar el hipo (magnífico Jagger a la harmónica). De nuevo, momento absolutamente mágico.
 

 
Y con el propio Jagger a la guitarra y “Miss You” se inició la parte final del show, comandada por otros cuatro temazos clásicos que no podían faltar en el repertorio: “Start Me Up”, “Tumbling Dice”, “Brown Sugar” y “Sympathy For The Devil”.
 
En ellos se vio a la banda disfrutando y dándolo todo. Mick sin parar de correr a través de la lengua del escenario ni un momento. Absolutamente grandioso, pleno de potencia física y vocal, cual veinteañero. Keith, venido de menos a más como he comentado, y ahora sí, crecido, tocando de lujo, bailando con su guitarra y poniendo esas poses que sólo él sabe. El “pájaro loco” Ronnie, un auténtico seguro de vida tras las 6 cuerdas, dominando el slide y disparando solos a diestro y siniestro. Y Charlie, manteniendo impasible el ritmo, con su pose seria y su pegada certera. ¿Para qué más?
 
 
La banda se despidió y las luces se apagaron, pero todos sabíamos que no era un adiós, sino un hasta dentro de un momento…
 
Momento maravilloso en el que a ambos lados del escenario apareció un coro de cerca de una treintena de miembros que, a capella, abrieron las frases iniciales de un “You Can’t Always Get What You Want” que sonó magnífico, antes de que Keith pasase al primer plano del escenario para rascar en su Telecaster los primeros acordes de un apoteósico “Jumpin’ Jack Flash” cuyo final se prolongó en forma de “jam” durante varios minutos, antes de que la banda se despidiera, esta vez sí, de forma definitiva.
 
 
Y con ello, dos horas y veinticinco minutos después del inicio y sin haber tocado "Satisfaction" (a pesar de que he leído alguna crónica de algún mal llamado periodista que señala que sí…), se puso el cierre a este histórico concierto.
 
Desde principios de los 80, las giras de los Rolling Stones vienen precedidas una y otra vez por el mensaje de que quizás sea la última oportunidad de verlos. Pero pasan los años y ellos, pese a quien le pese, siguen ahí, ofreciéndonos noches mágicas como la relatada. Quizás ésta sí haya sido mi última oportunidad. Quizás no. ¿Quién sabe? Sea como fuere, la guardaré en mi memoria para siempre. Sí, lo sé, es sólo Rock&Roll…but I Like it!!!

jueves, 22 de noviembre de 2012

Ladies and Gentlemen…sus majestades The Rolling Stones!

 
Más de 5 años han pasado desde que el 26 de agosto de 2007 dieron por concluido en Londres su “A Bigger Bang Tour”. Demasiado tiempo, dada la edad de sus miembros. Y, aunque nunca perdimos la fe, he de confesar que cada vez se iban reduciendo más las esperanzas de volver a verlos juntos encima de un escenario.
Pero la celebración de su 50 cumpleaños era demasiada excusa como para que un tipo con tanta inteligencia para los negocios como Jagger dejara pasar la ocasión.
Y por fin, el pasado 15 de octubre, nuestras plegarias fueron oídas y la banda anunció su vuelta con la minigira “50 & Counting” que este próximo domingo comienza en el mismo lugar en que lo dejaron en 2007: el O2 Arena londinense. Si todo va bien, allí estaré para contarlo. 
 
 En el último mes y medio, el trabajo de la banda ha sido incansable, con el objeto de desengrasar la maquinaria y ponerse cuanto antes a punto: 16 días de ensayo en París (uno de ellos, el 8 de noviembre con unos 40 fans invitados a presenciarlo) y dos conciertos de calentamiento, en pequeños locales también de la capital parisina: Le Trabendo, el 25 de octubre, y el Theatre Mogador, cuatro días más tarde (aquí podéis ver los setlists de ambas noches).
 
Ellos mismos se han encargado de filtrar algunas fotos (como la que ilustra arriba este post), videos y notas, tanto de estos dos shows, como de los propios ensayos. Y según cuentan, han sido un total de 68 las canciones repescadas para la ocasión y sobre las que están trabajando. De ahí saldrán los repertorios para los 5 conciertos (2 en Londres y 3 en Nueva York):
I Wanna Be Your Man, Not Fade Away, I Just Want To Make Love To You, Route 66, Tell Me, It's All Over Now, Around And Around, Time Is On My Side, Little Red Rooster, Everybody Needs Somebody To Love, The Last Time, Satisfaction, That's How Strong My Love Is, Get Off of My Cloud, Paint It Black, Under My Thumb, Lady Jane, Ruby Tuesday, Jumpin' Jack Flash, No Expectations, Street Fighting Man, Sympathy For The Devil, Honky Tonk Women, Let It Bleed, Midnight Rambler, Love In Vain, Gimme Shelter, You Can't Always Get What You Want, Live With Me, Little Queenie, Brown Sugar, Wild Horses, Bitch, Sway, Moonlight Mile, Dead Flowers, Can't You Hear Me Knocking?, Tumbling Dice, Rip This Joint, Rocks off, Happy, Shine A Light, All Down The Line, Sweet Virginia, Angie, It's Only Rock'n'Roll, If You Can't Rock Me, Fool to Cry, Miss You, Faraway Eyes, Respectable, When The Whip Comes Down, Before They Make Me Run, Imagination, Shattered, Some Girls, Beast of Burden, She's So Cold, Start Me Up, Waiting On A Friend, Worried About You, Going To A Go-Go, You Got Me Rocking, Out of Control, Champagne & Reefer, Dock of The Bay , Doom & Gloom, One Last Shot.
Como veis, no tiene desperdicio. Como tampoco lo tiene la presencia, ya confirmada desde ayer, al menos para los dos shows de Londres, de Bill Wyman y Mick Taylor. Se rumorea también acerca de otros invitados especiales, como Eric Clapton o Jeff Beck, que también podrían hacer su aparición.


Sea como fuere, espero que sea un fin de semana antológico. Tenía ganas de volver a Londres, después de un par de años sin pisar por allí, y me hace tremenda ilusión que la ocasión sea esta. Ni más ni menos que asistir al 50 cumpleaños de la mejor banda de Rock&Roll de la historia: sus majestades, The Rolling Stones.
 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

The Dogs D’amour vuelven con su formación clásica


Hace algún tiempo hablé aquí de los Dogs D’amour, a propósito de la redición de uno de sus álbumes míticos, "In The Dynamite Jet Saloon".

Os contaba que siempre pensé que es una banda tan grande como maldita, con tremendos discos en su haber y la suficiente calidad y magnetismo como para haber competido en primera división y peleado de tú a tú con grupos que a la postre han acabado teniendo mucha más repercusión que ellos. Pero,  sin embargo, se quedaron en poco más que una cuasi-desconocida banda de culto...

Y terminé el post con algunas preguntas (¿piensa Tyla volver a reactivar la banda  y apuntarse al carro de las reuniones míticas que tanto vemos últimamente? ¿va a venir esto acompañado en el futuro de nuevo material de estudio? ¿o simplemente es un movimiento comercial para sacar unas perras a los "die-hard fans"?) que ahora por fin comienzan a tener contestación.

Según confirmaron la semana pasada, los Dogs de la formación más clásica (Tyla a la voz y guitarra, Jo Dog a la otra guitarra, Steve James al bajo y Bam a la batería) estarán de vuelta en 2013, 22 años después de su disgregación. El motivo, al parecer, no es lucrarse personalmente con el asunto, sino dar algunos conciertos con el objeto de recaudar pasta para ayudar a un amigo enfermo.

Sea como fuere, me parece una tremenda noticia y más después de enterarnos que dos de esos shows pasarán por nuestro país (24 de febrero en Madrid y dos días después en Barcelona) y que prometen obsequiarnos, además de con sus grandes temas clásicos, con varias nuevas canciones que se encuentran actualmente grabando.

No sé a vosotros, pero a mi como fan de la banda desde aquella época me hace tremenda ilusión poder tenerlos de nuevo de vuelta a la vida (aunque sea temporalmente) y deleitándonos con temas tan tan grandes como “I Don't Want You to Go", "How Come It Never Rains", "I Think It's Love Again", "Satellite Kid", "Kiss My Heart Goodbye" o mi favorito de siempre, el maravilloso "Drunk Like Me":
 

miércoles, 31 de octubre de 2012

Loquillo: “La Nave de los Locos” (2012)



Son varias las ocasiones en las que he oído decir al Loco que uno de sus mayores méritos es saberse rodear siempre de los mejores.

Y ese, precisamente ese, creo que es el principal motivo al que hay que achacar el que podamos tener un disco de este calibre en nuestras manos.

Un disco que no sería posible sin una banda de categoría (si ya de por sí lo era, aún más con el refuerzo de Josu García a la guitarra), sin una producción absolutamente maestra como la de Jaime Stinus (quien más y mejor ha sabido entender al Loco en la última década) y sin unas composiciones tan brillantes como las aportadas para este trabajo por el gran Sabino Méndez.

Un disco de Rock, sí. Pero no de Rock alegre y facilón, sino adulto, oscuro, rabioso y melancólico.

Un disco que abre el fuego y lanza ya un aviso con la canción que le da título y en la que va dejando clara su declaración de principios (“con rabia y ternura, con desespero, por ti, por mí, por todos los que quiero…yo bailo el rock”) antes de llegar al primero de los momentos estelares del álbum con “El mundo necesita hombres objeto”. Que me parta un rayo si este tema no huele a kilómetros a clásico en sus repertorios a partir de ahora!!! Guitarreo, melodía y un estribillo antológico (“Afile sus dientes, póngase a contar a diez. Hay luna llena y hombres lobo como usted”). A estas alturas de trabajo ya queda claro que el Loco está de vuelta a lo grande.

Prosigue la escucha con el elegido como primer single, “Contento”, tema con cierto aire a lo “The Clash” y que nos deja también alguna que otra perla (“Borra si es que puedes mi sonrisa de la cara. Prueba, no lo lograrás”), antes de cerrar la cara A del vinilo con “Muñecas rusas” (quizás el tema más prescindible del álbum) y la original “Mi bella ayudante en mallas”, canción que encajaría como un guante en la banda sonora de cualquier película de Tarantino.

Pero lo mejor del trabajo está aún por llegar, en una cara B, a mi modo de ver, antológica. La preciosa y melancólica “Paseo solo” nos ofrece una de las mejores letras del disco y destapa de nuevo el tarro de las esencias (“Nadie va a vivir mis cosas como yo las vivo. Ni a nadie va a saberle como a mí mi trago de Jim Bean”), antes de toparnos con la que creo que es la gran joya del trabajo, “De vez en cuando y para siempre”, canción absolutamente magnética y de guitarras hipnotizantes que te atrapan desde la primera escucha.

Un viejo tema de corte oscuro y ochentero (“Planeta Rock”), ya grabado por Sabino en el pasado, mantiene el tipo del disco con nota antes de llegar a su cierre de forma inmejorable con otra joya: la épica “Luna sobre Montjuïc”, escrita en 1985 y cuya escucha nos retrotrae a otras épocas y otros momentos. Una especie de “Cadillac Solitario” del siglo XXI aliñado con el espíritu de “Cuando fuimos los mejores”. Absolutamente delicioso.

Se sabe que un disco es grande cuando, una vez concluido, te ves obligado de forma inmediata a volver a empezarlo de nuevo, a disfrutar una vez más de cada uno de sus pasajes. Y este, sin duda, es uno de esos. Una obra ya imprescindible y a la altura de las mejores del que es, por mérito propio, un artista imprescindible de nuestra música.

Puedes escucharlo aquí en Spotify.
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