sábado, 31 de diciembre de 2016

Lo mejor de 2016 (II)


Hace no mucho tiempo, las muescas conciertísticas en mi revolver, podían llegar a cerca de 100 cada año. Disparaba a todo lo que se movía, habitualmente incluso varias veces por semana. Allá donde hubiera una banda tocando cerca (ya fuera buena, regular o, a veces, mala), allí estaba yo. Ello me hizo coger muchas tablas, descubrir un buen puñado de grupos y presenciar algunos shows inolvidables. Pero a costa de invertir ingentes esfuerzos y, sobre todo, de tragarme también mucha morralla.

En el último lustro, las circunstancias me han hecho ir cambiando y, para bien o para mal, ser más selectivo, escoger mejor mis citas y primar la calidad por encima de la cantidad.
Digo esto porque, haciendo recuento y memoria de 2016, veo que son en torno a 30 las veces que he acudido a un bolo. Y algunos de ellos han sido memorables. Otros, simplemente buenos. Pero, en muy poquitos, puedo decir que haya salido decepcionado. Señal inequívoca de que, en líneas generales, la elección ha sido correcta.


Abrí el fuego el 2 de enero, asistiendo en Valladolid a la resurrección de los Crossbones, banda de cabecera de la escena local en los años 90, que llevaba tiempo muerta y enterrada. Y, antes de que finalizase el mes, tuve una nueva oportunidad (y van ya un montón, pero todas ellas buenas…) de ver cómo se las gastan Spike y sus Quireboys. La novedad fue que, en esta ocasión, el show no era en Madrid como en las anteriores que los había visto, sino también en tierras Pucelanas. Y ver allí congregada a toda la parroquia de la ciudad, viejas glorias musicales incluidas, le dio un toque especial y emotivo a la cita.

El siguiente de mi lista fue Chris Robinson, en la visita a Madrid con sus Brotherhood. Y fue ese un concierto de sensaciones encontradas. Quienes me conocen, saben que soy un fanático admirador de los Cuervos, así que sólo el hecho de tener a uno de ellos a dos metros de distancia, ya me resulta grandioso. Pero ¡carajo!, si tengo que echar a pelear el repertorio imbatible junto a su hermano, con esta otra propuesta, sinceramente no hay color…

Y así me planté en mediados de marzo y llegó el primero de mis viajes del año: el gran Johnny Hallyday me esperaba en Toulouse. Sin duda, y al igual que la vez anterior que le vi, el francés nos obsequió con un magnífico concierto.


Con Mayo comenzó la época del año donde se concentraba mi mayor número de eventos. Y, el primero de ellos, fue con Muse, una grupo que, personalmente, nunca me ha interesado demasiado, pero sobre la que tenía cierta curiosidad por ver como se desenvolvían en directo. He de decir que, una vez vistos, dudo mucho que repita con ellos en el futuro. No porque me parecieran malos técnicamente, sino porque la banda se comportó de una forma tan milimétricamente calculada, como fría y falta de sentimiento.


Cuando supe que AC/DC había despedido a Brian Johnson y su reemplazo era, ni más ni menos que Axl Rose, una sensación de tomadura de pelo me recorrió el cuerpo. Tenía tickets comprados desde hacía meses para su concierto inicial de gira europea en Lisboa y enterarme de aquello no me hizo ninguna gracia. Pero, después, preferí olvidarme de la parte mala del asunto, quedarme sólo con la buena (que también la había) y disfrutar al máximo del concierto. Podéis leer aquí mi relato sobre lo vivido durante el show.


Antes de finalizar mayo, Springsteen trajo su “The River Tour” a la ciudad y, por supuesto, yo no podía dejar de acudir a la llamada. Era mi cuarta vez con el Boss y, aun así, la disfruté como si fuera la primera. Aunque su disco The River sonó mucho menos de lo esperado, fue un show emocionante. De esos de corazón en un puño y ojos vidriosos. Sin duda, uno de los grandes del año.

Porque de grande cabe calificar también a Macca y el concierto que nos ofreció en los primeros días de junio. Sí, amigos, no todos los días uno tiene la posibilidad de oír himnos inmortales de nuestra música, como Love Me Do, Let It Be o Hey Jude, cantados por su propio creador. Simplemente maravilloso.

Y, entre el vozarrón de Mike Farris el 10 de junio y la guitarra de Zakk Wylde tres días más tarde, nos plantamos, un año más (y van ya una buena tirada de ellos), en el vitoriano Azkena Rock Festival. Después de haber sido muy crítico con la organización en años anteriores, he de decir que, en éste, las cosas se hicieron mucho mejor y el cartel nos permitió ver varios conciertos muy interesantes (Imelda May, Hellacopters, Blackberry Smoke) y uno memorable: el que, al mando de sus Who, se marcaron dos tipos septuagenarios como Roger Daltrey y Pete Townshend. Aquí relaté lo vivido.


Antes de las vacaciones de verano, aún quedaba tiempo para otro par de emociones fuertes. La primera, con una de mis bandas de siempre: los británicos Iron Maiden que, con su calidad musical y su punto inequívoco de espectáculo y escenografía, pusieron patas arriba madrileño Barclaycard Center. Y, la segunda, con otro mito al que nunca había tenido oportunidad de ver antes (Mr. Robert Plant), quien nos amenizó una agradable velada, en un bonito entorno (Jardín Botánico de Madrid), marcándose un concierto elegante y sencillo, a través de la combinación de canciones propias y temas zeppelianos.


Mis dos siguientes conciertos fueron con un, para mí, ya clásico, al que, en los últimos  tiempos, suelo tener la oportunidad de ver varias veces al año: Loquillo. El primero de ellos, en un festival cántabro, en pleno mes de agosto y junto a los Burning, no era sino la antesala del realmente importante: su esperado paso, el 24 de septiembre, por un abarrotado coso de Las Ventas, que quedaría recogido para la posteridad en audio y video. Y he de decir que, resulta indudable, que el Loco se encuentra viviendo una segunda juventud, la banda suena engrasada y el repertorio que manejan está a la altura de muy poquitos en este país. Pero no me preguntéis por qué, en este nuevo sonido que han forjado tras la incorporación de Mario Cobo a la guitarra, echo de menos algo. Un poco más de contundencia, de punch, de carácter. O quizás es que simplemente echo de menos al bueno de Jaime Stinus.


Sin tiempo para contemplaciones, cuatro días después, llegaba el momento de ver a Red Hot Chili Peppers, una banda a la que, aunque en estudio nunca me apasionó, nunca había tenido aún la oportunidad de pillar en directo. ¿Y cómo fue el bolo? Pues, técnicamente, de mucha calidad pero, sinceramente, me transmitió las mismas sensaciones que me transmiten sus discos. Es decir, pocas tirando a ninguna.

Pero no pasaba nada. Octubre estaba ya aquí y, con él, llegaba a la ciudad uno de los tipos que más arriba estaba en mi lista de “pendientes”: Michael Monroe. Aunque el finés se ha dejado caer por nuestro país unas cuantas veces en la última década, por unos motivos u otros nunca conseguía pillarle. Y empezaba a temer seriamente que lo mío con él fuese una especie de maldición. Pero por fin pude quitarme la espina…y ¡de qué forma! ¡Menudo bolaco, amigos! ¡Creedme si os digo que esos viejos temas de Hanoi Rocks y Demolition23 siguen sonando de muerte!

Tras un breve paso por Toledo, para ver un buen concierto de ese tipo que siempre deja el pabellón alto, llamado Ariel Rot, el mes finalizó de la mejor forma posible con otra banda nacional, la de Jorge Martínez y sus Ilegales, que nos propició en Valladolid una noche para el recuerdo. Ambientazo, juerga y unos tipos sobre el escenario que sonaron como un ciclón. Sin duda una de las sorpresas conciertísticas más agradables del año.

La tarde del domingo 20 de noviembre, se tornó gris, lluviosa y oscura en Madrid. Absolutamente desapacible para casi todo, pero perfecta para ver a Robert Smith y sus Cure destripando, durante casi 3 horas, clásicos a mansalva y deleitándonos con algunas otras joyitas menos vistas en su repertorio. Fue éste para mi el último gran concierto del año.


Pero antes de que terminase 2016, aún quedaban tres balas más en el revolver. La de esos primos pequeños de AC/DC llamados Airbourne, que se marcaron un show breve (muy breve) pero intenso en Madrid. La de ese torbellino de rock n’ roll “patea culos” llamado Los Zigarros, que rindieron una triunfal nueva visita (van varias en los últimos tiempos) a la parroquia vallisoletana. Y, finalmente, la de unos viejos conocidos (aunque ellos renieguen de su pasado) M-Clan, que presentaban en la capital su nuevo y americanizado trabajo “Delta”. Bonito cierre a un bonito año de conciertos.


Pero, si tuviera que quedarme con 10 momentos de entre todos los vividos en 2016, estos serían los elegidos. Mi "top ten" particular del año:

2.- Bruce Springsteen and The E Street Band - Estadio Santiago Bernabéu, Madrid (21/05/16)
3.- Paul McCartney - Estadio Vicente Calderón, Madrid (02/06/16)
5.- Johnny Hallyday- Zenith, Toulouse (12/03/2016)
6.- Iron Maiden - Barclaycard Center, Madrid (13/07/16)
7.- The Cure - Barclaycard Center, Madrid (20/11/16)
8.- Robert Plant and The Sensational Space Shifters - Jardín Botánico, Madrid (14/07/16)
9.- Michael Monroe - Sala Caracol (Madrid) 05/10/2016
10.- Ilegales – Sala LAVA, Valladolid (21/10/2016)

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Lo mejor de 2016 (I)


Se nos va el año, amigos. Un año que, para la música que tanto queremos, ha resultado más que “horribilis”. Desde que, justo hoy hace 366 días, cayera el gran Lemmy, esto ha sido un no parar: Bowie, Glenn Frey, Prince, George Martin, Leon Russell, Keith Emerson, Cohen, Scotty Moore, Sharon Jones, Rick Parfitt, George Michael,…Vaya desde aquí nuestro homenaje y recuerdo sincero para todos ellos.

Cuesta mucho reconocerlo, pero va resultando una evidencia: nuestros músicos de cabecera, nuestras leyendas que creíamos inmortales, se hacen mayores y llegará un momento en que ya no estén ahí para rescatarnos. Me da pavor pensar que todos los años venideros puedan ser incluso la cuarta parte de malos que éste.

Porque no veo un relevo claro. Las nuevas bandas raramente me motivan y cada vez me cuesta más dar la oportunidad a la escucha de novedades discográficas de grupos que no tenga ya catalogados. Me paso la vida oyendo música pero, al final, casi siempre acabo acudiendo a los clásicos. De ahí que, mi selección discográfica del año, tenga poco de novedad y mucho de vieja escuela.

Si tuviera que hacer mención a algunos discos que, aun no teniendo cabida entre mis diez favoritos del periodo, sí al menos consiguieron captar mi atención, cabría nombrar a Doyle Bramhall II y su elegante “Rich Man”, a los Pretenders (¿o he de decir a Chrissie Hynde y Dan Auerbach?) y su irregular “Alone”, a Jeff Beck y su peculiar “Loud Hailer”, a M-Clan y la calidez acústica de su americano “Delta”, al Loco y su cambio de tercio con “Viento del Este”, a The Temperance Movement y su poco inspirado “White Bear”, a Sting y su “de más a menos” “57th & 9th“, a Metallica y su “Hardwired…To Self-Destruct” cargado de buenos riffs, a Steven Tyler y su también irregular “We're All Somebody From Somewhere” (¿por qué no hiciste un disco como Dios manda, Steven, seleccionando 10 temas y tirando el resto de descartes a la basura?), a los Zigarros y la frescura de su “A Todo que Sí”, a Spike&Tyla y su emotivo “The Sinister Indecisions…”, a Joe Bonamassa y su “Blues of Desperation”, a ese magnífico Live in San Diego de Eric Clapton junto a JJ Cale y, por supuesto, al delicioso "Way Down In The Jungle Room” (¡qué grandes recuerdos me trae de mi vista a Graceland!) de Elvis.

Pero, por encima de todos ellos, quedaría la siguiente selección. Mi particular top ten” de 2016:

1.- The Rolling Stones - "Blue and Lonesome" 


¿Un nuevo disco de estudio de los Stones en pleno 2016? ¡Diablos! Solamente eso debería ser motivo suficiente para alegrarnos el día, el mes, el año…qué digo…¡la década! Ya, pero, ¿y el disco está bien? Pues no sólo es que esté bien…sino que es jodidamente bueno. Claro, pero…no tiene temas propios. Son sólo versiones…Efectivamente, así es. Y ¿dónde carajo está el problema? ¿O es que tener a la mejor banda de la historia del rock n’ roll grabando “a pelo”, en tres crudas sesiones de estudio, doce extraordinarias covers (por cierto, nada manidas) de algunos de los mejores bluesmen de la historia es algo que podamos permitirnos el lujo de despreciar o infravalorar? ¡Pues no seré yo el que lo haga! Les reto a que me digan otro álbum, editado en este 2016, en el que haya alguien que cante y toque la armónica mejor que Jagger, en el que se junten tres guitarristas como Keith, Ronnie y Clapton, y en el que haya un batería que toque con más swing que Charlie. No se molesten, amigos. No lo hay. Y sí, sé que cuando digo esto, no soy objetivo. Los Stones son mi banda y todo aquello que hagan o digan, por mí siempre va a ser bien recibido. Pero, en este caso, créanme ustedes, no se trata de amor de madre. Este disco tiene más feeling, más pelotas y más buen hacer que cualquier otro publicado en los últimos tiempos. Larga vida a los Rolling Stones.

2.- The Cult - "Hidden City"


Desde el inconfundible riff inicial de “Dark Energy” que abre el álbum, todo en este “Hidden City” suena muy Cult pero, a la vez (y van no sé cuántas ya…), distinto al resto de sus discos. Oscuro, muy oscuro. Pero, a la vez, esperanzador y místico como su bella portada. Limpio y melodioso. Pero, a la vez, tremendamente agresivo. Original pero, a la vez, inconfundible. Por momentos (“Birds of Paradise”, “Dance the night”), uno cree retrotraerse a la época siniestra de “Love” y, en otros, como en las fabulosas “GOAT” o “Hinterland”, a la de “Electric” o “Sonic Temple”. Pero siempre hay matices distintos que nos recuerdan que estos son los Cult de 2016 y no los de los 80’s. Manteniendo la marca de la casa, pero en perpetua evolución. Porque sí, este es un disco profundo, de matices y muchas escuchas. Con un Astbury que adopta postura de jefe, canta como de costumbre y marca terreno en cada canción. Y un Duffy que hace lo que mejor sabe hacer: repartir guitarrazos a diestro y siniestro, hasta dejar KO a su presa. Palabras mayores, amigos.

3.- David Bowie - "Blackstar"


La última genialidad de un genio. Un disco amargo, enigmático y de difícil acceso pero, a la vez, redondo y bello. Cuyo significado y, sobre todo sus letras, sólo se comprenden analizando el contexto en el que fue grabado (durante la última etapa de su enfermedad) y puesto a la venta (dos días antes de su muerte). Un disco diferente y original, asentado sobre una base de jazz rock experimental, pero en el que se mantienen retazos inequívocos de épocas pasadas del artista. Una despedida a la altura del personaje, cuyo corolario pone esa última bella I Can’t Give Everything Away”, donde Bowie se desangra una y otra vez diciéndonos que no puede revelarnos todo…y ahora entendemos por qué. Un disco que cuesta oír sin entristecerse pero que, al finalizar, deja un poso de obra maestra.

4.- Tedeschi Trucks Band - "Let Me Get By"


Bienvenido. Así es como te hace sentir la música de la Tedeschi Trucks Band. Como encontrarse con algo familiar, cordial, agradable. Como alguien que te recibe con un cálido apretón de manos y una sonrisa en la cara. No lo digo yo. Simplemente, he tomado aquí prestadas algunas palabras escritas en el folleto que acompaña al disco. Pero, lo que sí hago, es suscribirlas plenamente. Porque, si hay algo que tengo claro después de haberlos seguido la pista desde hace ya varios años es que, cada una de las cosas que rodean a esta sociedad (musical y personal) que forman Susan y Derek está colmada de clase, buen gusto y, sobre todo, calidez. Si alguna vez necesitan sentirse acompañados o, simplemente, mejorar su estado de ánimo, háganme caso e introduzcan este "Let Me Get By" en su reproductor. Denle al play desde la inicial “Anyhow”. Déjense llevar por la voz de Susan, la guitarra slide de Derek y su magnífica banda de apoyo. Prepárense para no quitar la sonrisa de la cara durante la próxima hora. Y, sobre todo, siéntanse bienvenidos.

5.- Cheap Trick - "Bang, Zoom, Crazy…Hello"


Kiss, Bolan, Slade, Bowie, Who…todos están presentes, de una u otra forma, en esta delicia de disco. Pero que nadie se lleve a engaños: no estamos ante un álbum de tributo, sino ante una obra fresca, vibrante y con personalidad propia. Cheap Trick saben manejarse como pocos entre la delgada línea que separa el rock n’ roll del hard rock, el glam setentero del power pop. Y, una vez más, dan en este "Bang, Zoom, Crazy…Hello" (bonito título, por cierto) una lección de todo ello. Desde la enérgica inicial “Heart On The Line”, hasta la "All Strung Out” que lo cierra, aquí hay poco o nada que sea aburrido o irrelevante. Pero, ¡diantres! ¡Qué me parta un rayo si "Blood Red Lips” no es ya una de las canciones del año!. Definitivamente, Rick Nielsen y sus chicos viven una segunda juventud y, no sé vosotros, pero yo estoy ya deseando que llegue junio para verlos en directo.

6.- Mudcrutch - "2"


Cuando tienes un nombre como Tom Petty que, por sí solo, puede vender miles de discos y decides publicar tu nuevo trabajo bajo otro seudónimo (por mucho que éste sea el de tu antigua banda de los 70) estás mandando varios mensaje claros. El primero, que no necesitas la pasta. El segundo, que tienes mucha confianza en el material sonoro que acabas de grabar. Y, el tercero, que sabes que te has ganado el poder hacer lo que te dé la gana, cuando te venga en gana. ¿El resultado? Un álbum muy notable de country-rock sureño. Maduro, bien ejecutado y con algunas composiciones brillantes como “Dreams of Flying”, “Hungry No More”, “Save Your Water” o “I Forgive It All” (para cuyo videoclip contó con Anthony Hopkins). Probablemente, no deje de ser un disco de transición, que dé paso a encomiendas mayores. Pero aun así y a la postre, resulta muy disfrutable.

7.- Eric Clapton - "I Still Do"


Puede que Clapton esté haciéndose mayor, pero de ninguna forma está manco. Gracias a él, viví, en el Royal Albert Hall londinense, uno de los momentos más mágicos y memorables de 2015. Y él, es el responsable de uno de los discos más deliciosos editados en este 2016. Que nadie espere aquí fuegos de artificio, producciones sobrecargadas ni composiciones enrevesadas. A estas alturas de película, Clapton ya no necesita nada de eso. Su fórmula pasa únicamente por el buen gusto y la sencillez, puestos al servicio de su voz y su guitarra. Algunos blueses de libro (“Alabama woman blues”, “Cypress Grove”, “Stones In My Passway” o la fantástica “Somebody's Knockin'”) se alternan con registros ya típicos del propio Eric (“Spiral” o la acústica “I will be there”), o bien de su amigo JJ Cale (“Can’t let you do it”). Y, entre todos, dan empaque a un disco elegante y de escucha relajada (que no aburrido). Si acaso hay algo que me desencaja, es el acordeón que adereza alguna de las canciones. Pero, ¿quién carajo soy yo para ponerle peros a “God”? Por favor, un respeto para el maestro.

8.- Jeff Angel’s Staticland - "Jeff Angel’s Staticland" 

              
Descubrí a este tipo cuando actuó al frente de los Walking Papers en el Azkena Rock Festival 2013 y, desde entonces, me confieso enganchado a su carisma y su extraño influjo. Aquel año, su disco de presentación ya me voló la cabeza y, ahora, éste no le va a la zaga. Mientras Duff McKagan (bajista de la banda) se llena los bolsillos con la reunión de Guns N’ Roses, su amigo Jeff decide esperarle, publicando su nueva obra bajo otro nombre: el suyo propio. Pero la música, en esencia, sigue siendo la misma: rock sucio y oscuro, de herencia bluesera (“Everything Is Wrong” o “Tomorrow's Chore”) y furia punkrockera (“Never Look Back”). Con algunos pasajes melódicos (“I'll Find You”) y otros hipnóticos, que casi recuerdan por momentos a los Cure (“High Score”). Pero, sobre todo, dueños todos ellos de personalidad y un inconfundible estilo. Ese que aporta un tipo de influjo extraño llamado Jeff Angel.

9.- The Quireboys - "Twisted Love"


En tiempos como los que vivimos, en los que las bandas clásicas se hacen de rogar, hasta decir basta, a la hora de publicar nuevos trabajos de estudio, los Quireboys suponen toda una excepción, un oasis en el desierto. Prueba de ello es que, este “Twisted Love”, pasa por ser, ni más ni menos, que su cuarto trabajo original puesto en la calle en los últimos cuatro años. Pero ¡ojo!, no se trata de cantidad, sino de calidad. Y, ahí, Spike y sus chicos rara vez bajan también la guardia. Cuando uno pulsa el “play”, ya sabe lo que se va a encontrar: “We’re the Quireboys and this is Rock N’ Roll”. Y en esta ocasión no lo es menos: “Life's A Bitch”, “Twisted Love”, “Torn & Frayed”, “Shotgun Way”,”Midnight Collective”,… Aquí todo huele y sabe a humo, a alcohol y a sudor…A los Cuervos, a los Faces y, por supuesto, a los Stones.

10.- Rival Sons - "Hollow Bones"


Como os contaba en la introducción, raramente las nuevas bandas me motivan y cada vez me cuesta más darles una oportunidad. Pero Rival Sons se la ganaron con su anterior “Great Western Valkyrie” y, desde entonces, no he dejado de seguirles la pista. ¿Supera este “Hollow Bones” a su fantástico predecesor? Pues la respuesta es no. Sinceramente, creo que el listón estaba demasiado elevado. Pero no por ello deja de ser un buen disco, de atmósfera espesa y que gana en matices con cada nueva escucha. Su líder, Jay Buchanan, además de tener una voz prodigiosa, se ha convertido en uno de los frontman del momento. Y, el resto de miembros de la banda, le escoltan perfectamente, demostrando manejarse como peces en el agua en ese blues rock psicodélico que se destila en cada una de las canciones del álbum: “Tied Up”, “Baby Boy”, “Hollow Bones, Pt.1”, “Thundering Voices”,… Sin duda, la banda ha dado con la tecla adecuada. Si os decía que los Quireboys olían a alcohol, a humo y a Stones, esta claro que aquí apesta a ácido, a Zeppelin, a Cream o a los Doors.



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